domingo, 3 de junio de 2007

La calavera de platino y diamantes de Damien Hirst

Damien Hirst continúa, a propósito de sus obras, reflexionando acerca de la vida y la muerte.

Hirst nació en Bristol en 1965, y lidera una corriente de artistas británicos que ha sido llamada con el nombre de la Young British Artists (nombre que se dio a las exposiciones y espectáculos que se organizaron en la Saatchi Gallery, situada en el norte de London, desde 1992 en adelante, y que llevaron a la fama a los artistas que en ellas exponían; de ellas este grupo de artistas tomó su nombre). De todos ellos él es, sin ninguna duda, el más provocador.

Su obra icono la creó en 1991, como respuesta al ofrecimiento de financiación que Charles Saatchi, el fundador de la Saatchi Gallery, le hizo con el propósito de que creara, sin restricción alguna, la obra que a él le apeteciera. Esta obra, que lleva el filosófico y meditable título de The Physical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living, consistió originalmente en el cuerpo de un tiburón tigre de 14 pies de longitud preservado en una solución de formaldehído, y metido dentro de una urna de cristal. El tiburón fue cazado por un pescador en Australia. El nombre técnico de esta obra fue: “Tiger shark, glass, steel, 5% formaldehyde solution, 213 x 518 x 213 cm.” La obra se expuso por primera vez en 1992, en la primera exposición de la Young British Artists. Durante el año 2006 el tiburón tigre original tuvo que ser substituido por un nuevo especimen debido al deterioro que había sufrido. Esta vez el tiburón fue cazado en Queensland.

La última obra de Hirst se titula, otra vez de manera muy meditable y filosófica, For the Love of God y nada tiene que ver, al menos en lo formal, con la obra de la que antes he hablado. For the Love of God consiste en una calavera de platino en la que se han incrustado 8601 diamantes. De hecho es, más bien, el vaciado de platino obtenido a partir de una calavera antigua que Hirst compró en un mercado de Islington, al norte de London. Un gran diamante rojo está situado en medio de la frente. Los dientes son los de la calavera original que Hirst utilizó para confeccionar la de platino. Según aseguran los análisis efectuados mediante la técnica del carbono 14, la calavera original perteneció a un varón europeo de unos 35 años que vivió entre 1720 y 1810.

En la actualidad Hirst ya no tiene vinculación alguna con Charles Saatchi, con quien no trabaja desde el año 2003, por lo que ya no expone sus obras en la galería londinense de su antiguo mecenas. En esta ocasión For the Love of God estará expuesta, junto con algunas otras de sus últimas creaciones, en la galería White Cube, también de London. Dice Hirst que esta obra está inspirada en una calavera azteca adornada con turquesas que vio cuando era pequeño en el British Museum. Y que sueña con que el museo las exponga juntas.

For the Love of God está valorada en unos 50 millones de libras. Unos 75 millones de euros. O, lo que es lo mismo, unos 100 millones de dólares. Es el mayor precio otorgado a la obra de un artista vivo lo mismo que, según publicita la galería White Cube, una obra sin precedentes en la historia del arte.

De su última obra, Hirst opina que: “It shows we are not going to live for ever. But it also has a feeling of victory over death."


Figura 1 (iquierda): modelo hecho con Lego de la obra de Damien Hirst The Physical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living.
Figura 2 (derecha): The Physical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living.
Figura 3: Damien Hirst con su obra For the Love of God.

3 comentarios:

Palimp dijo...

Sus primeras obras eran sin duda provocadoras y visualmente estimulantes, pero esta calavera me parece demasiado conceptual para mi gusto.

Joan Carles dijo...

Sin duda, sin duda, pero fíjate en lo que el mismo Hirst dice del arte:

"Art goes on in your head. If you said something interesting, that might be a title for a work of art and I'd write it down. Art comes from everywhere. It's your response to your surroundings. There are on-going ideas I've been working out for years, like how to make a rainbow in a gallery. I've always got a massive list of titles, of ideas for shows, and of works without titles."

El arte está, se mueve, en tu cabeza. Hirst está centrado en las ideas, y en los estímulos que estas ideas producen en el espectador. Para él, este es el verdadero artista: el que concibe, más que el que ejecuta; el que imagina y reduce el mundo a una idea, más que el que lima, pinta y da color. Lo mismo que el auténtico matemático es el que "ve" o "descubre" o "inventa" (como prefieras, pues no vamos a hablar ahora de lo que en verdad son las matemáticas) mientras que los cálculos numéricos que requiere la estabilización de un puente o la construcción de un dique son obra del ingeniero. O, simplemente, del procesador del ordenador.

Yo tengo para mí que esta es la más grande de todas las metas que el hombre pueda plantearse: intentar acercarse a lo hondo e incomprensible del mundo. Mediante el arte, mediante la literatura, mediante la poesía, mediante la ciencia. Sí, sí, intentar acercarse a lo hondo de las respuestas a las grandes preguntas de siempre: ¿Qué somos? ¿Cuál es nuestro destino? ¿Cuál es el motivo por el que vivimos? ¿Por qué vivir?

Palimp, muchas gracias por tu comentario.

Palimp dijo...

Mi crítica a su carácter conceptual no es debida a que no me guste esa corriente, sino a que creo que no aporta nada nuevo. Está teniendo mucha repercusión mediática, pero más allá de eso no le veo la gracia.

Sí me parece interesante -aunque el artista no habla de ello y probablemente no vayan por ahí los tiros- que sea la obra más cara de un artista vivo. Pensar que tienes que morirte para que tu obra suba de precio si me hace reflexionar acerca de la muerte.

Una idea gratis: simular tu muerte, vender tus obras más caras y luego resucitar y hundir la cotización.