sábado, 30 de junio de 2007

Superman y los otros: Gilgamesh

Superman, además de ser la figura crística y mesiánica de la que hablaba el domingo pasado, copia las características y las bondades de algunos mitos, héroes y dioses del mundo antiguo. Por ejemplo, copia las características y las bondades de Gilgamesh: igual que el Gilgamesh sumerio, Superman es, en parte, un inmortal (y, por lo tanto, similar a un dios) y, en parte, un mortal (y, por lo tanto, similar a un humano).

El Gilgamesh sumerio fue el quinto rey de Uruk, ciudad que estuvo situada al este de lo que hoy es la cuenca del río Eufrates, que fue primero la antigua capital de Sumeria y después la de Babilonia. Nacido, en algún momento situado entre el año 2700 antes de Cristo y el año 2600 antes de Cristo, de Lugalbanda, el tercer rey de Uruk, y, según la épica que se narra en el Poema de Gilgamesh, de la diosa Ninsun, fue descrito como un personaje cuya condición conjugó, a la vez, dos condiciones dispares: la de dios, por una parte, y la de hombre, por otra. Pues se dijo de Gilgamesh que fue dos terceras partes de dios y una tercera parte hombre. Entonces, así fue que, por esta condición divina, fue considerado en lo antiguo como alguien superior a los hombres; fue, en definitiva, uno de los primeros personajes con carácter de superhombre que aparece en la historia. A Gilgamesh se le trató como un semidiós y, además, es fama que fue conocido por su extraordinaria fuerza. Por debajo de lo divino, y si hablamos más prosaicamente, también fue rememorado por haber construido una gran muralla en torno a la ciudad que regentaba, para defendiera a sus habitantes de las amenazas de los enemigos exteriores.

El poema titulado Poema de Gilgamesh narra la relación entre Gilgamesh y su amigo Enkidu, con quien emprende peligrosas búsquedas y aventuras. Las aventuras que los dos corren para matar al gigante Humbaba, el descenso a los infiernos y la relaciónes que en el poema aparecen entre dioses y semidioses, hacen de él un claro antecedente de los poemas helenísticos. Muchos de sus estudiosos consideran que el tema central del poema es la inmortalidad y la relación que esta guarda con la mortalidad, ya que está centrado en los sentimientos de pérdida y de dolor que experimenta Gilgamesh tras la muerte de su amigo Enkido.

El poema se escribió sobre tabillas de arcilla y se utilizó para ello escritura cuneiforme. En una de las tablillas en las que está escrito en poema hay una narración que anticipa el episodio del Diluvio universal que aparece en La Biblia.

En la columna I de la tablilla X aparecen los siguientes versos:

¿A dónde vas, Gilgamesh?
La vida que tú buscas
Nunca la encontrarás.

En eso basó su vida Gilgamesh: en la búsqueda. En la búsqueda incesable. En la búsqueda constante del significado de lo que es la vida, de lo que es la muerte y de lo que es el destino. Y en la búsqueda del sentido que, sabiendo que hay muerte, dolor y olvido, esta tiene. Estos versos dichos a Gigamesh, y leídos a la manera de los coros de las tragedias griegas posteriores, son, no lo negaréis, estremecedores.

viernes, 29 de junio de 2007

Watchmen III: Los Crimebusters II: Doctor Manhattan, segundo Espectro de Seda y segundo Búho Nocturno

Y hoy, por fin, los tres últimos componentes de Los Crimebusters.

El Doctor Manhattan fue un científico que, después de tener un terrible accidente en un laboratorio en el que él trabajaba, y en el que se jugaba con la esencia del material con el que está compuesto el Cosmos, se convirtió en un ser que, aunque su morfología indicara que algo tenía que ver con el hombre, en el fondo no era humano. El verdadero nombre del Doctor Manhattan fue Jon Osterman, y fue el único personaje de la serie Watchmen que tuvo poderes que estuvieron más allá de las posibilidades del hombre común (salvo si consideramos, quizás, a aquellos personajes de los que se insinúa que tienen habilidades psíquicas). A lo largo de la serie fue abstrayéndose del hombre, y fue aumentando su indiferencia hacia todo lo que es humano y hacia toda la humanidad en general. Y, andando el tiempo, fue, además, renegando de cualquier interés que pudiera haber tenido anteriormente por los asuntos de los hombres, rechazando a su vez toda noción que tuviera algo que ver con la moral y la ética humana (por ejemplo, y hablando de algo en lo hondo muy trivial, decidió que había de dejar de vestirse). Una de las habilidades que tuvo fue la de poder ver el mundo desde fuera del tiempo que rige para los hombres y para el cosmos en general. Esto, al poder ver de un sólo vistazo toda la historia o dos momentos de la historia distanciados en el tiempo, fue lo que le orientó hacia el determinismo (posición filosófica para la cual todo evento -incluyendo el conocimiento y el comportamiento humano-, toda decisión y toda acción, está causalmente determinada por una cadena ininterrumpida de sucesos anteriores; hay, en cada instante, exactamente un único futuro físicamente posible). Poco a poco, y conforme fue avanzando la serie, se fue identificando al Doctor Manhattan como una figura de carácter cuasidivino o divino: después de morir y resucitar, Osterman ganó una especie de conocimiento omnisciente y de unos poderes casi omnipotentes: proféticamente, en su escena final caminó sobre el agua y se marchó a algún lugar desconocido con el objetivo de crear, a la manera de los dioses de las tradiciones antiguas, vida humana. Pero aun teniendo poderes divinos, la verdad es que en cierto sentido también tuvo tantos defectos y fue tan humano como el resto de los humanos. Especialmente difíciles fueron las relaciones que mantuvo con los que le rodearon, pues El Doctor Manhattan personificó y mantuvo un concepto con el que, aunque filosóficamente nada novedoso, se hace dificil convivir: el que postula que el intelecto está por encima de las emociones. Por su actitud distante y por su filosofía algo nihilista, fue vilipendiado por muchos de los personajes de la serie. Pero en lo hondo fue un incomprendido, pues sus acciones estuvieron mucho más allá del bien y del mal, y por lo tanto más allá de lo juzgable por los hombres. En este sentido, el Doctor Manhattan representó a algo parecido al superhombre nietzscheniano; en contraposición a, quizás, lo que representó Rorschach, cuyas acciones estuvieron completamente definidas por los conceptos conocidos de bien y mal.

El segundo Espectro de Seda fue un héroe (o más bien una heroina) a regañadientes. De nombre Laurel (Laurie) Juspeczyk, fue presionada por su madre, el primer Espectro de Seda (una exitosa luchadora contra el crimen antes del nacimiento de Laurie), para que se convirtiera, lo mismo que ella en el pasado, en otra luchadora contra el crimen. Empezó una relación amorosa con el Doctor Manhattan, aunque a lo largo de la serie fue sintiéndose cada vez más a disgusto con la indiferencia que Osterman mostraba hacia la humanidad y hacia ella. Por este motivo Laurie y Manhattan acabaron separándose, hecho que hizo que él abandonara la Tierra. Laurie jugó un papel primordial cuando hubo que hacer entender al Doctor Manhattan que el valor de la vida humana no era un valor trivial, ni tampoco un valor con el que se pudiera jugar inconscientemente. También estuvo relacionada amorosamente con Dan Dreiberg, el segundo Búho Nocturno.

El segundo Búho Nocturno, cuyo verdadero nombre, como decía antes, fue Dan Dreiberg, manifestó un fuerte interés por la ornitología, lo que hizo explícito en alguno de sus inventos, al relacionarlos de un modo u otro con algo que tuviera que ver con las aves. Algo solitario, se le separó de sus padres desde muy pequeño, y luchó durante toda su vida por encontrarle un propósito y un sentido a esta. Y fue esta lucha lo que hizo atractiva, para él, la idea de convertirse en un luchador enmascarado que combatiera el crimen. Dreiberg admitió admirar las proezas del primer Búho Nocturno. Y admitió lo mismo estar influido de manera algo pueril por dos conceptos a los que trataba de un modo infantil: el de nobleza y el de aventura. Sin embargo, no tuvo un propósito firme en sus actuaciones -como, en cambio, sí lo tuvo Rorschach- por lo que fue bastante dependiente de los demás, confiando a menudo en que los otros le dijeran lo que hacer antes que en seguir sus propios deseos y propósitos. Dreiberg fue, de todos los héroes enmascarados que lucharon contra el mal, el que más representó al hombre de la calle; el que más representó a ese ser pragmático, a ese ser conducido por el ir y venir de los valores éticos, que es el hombre. Fue el que más representó a ese buscador del bien definitivo y abstracto, aunque desconocedor de cómo encontrarlo; a ese ser absurdo y desapegado de los grandes conceptos, aunque dispuesto a comprometerse hasta lo hondo en las batallas más concretas y definidas. La persecución que Dreiberg llevó a cabo contra el crimen reflejó claramente la ineficacia, o la inadecuación, de los héroes enmascarados que poblaron las calles de su mundo: se gastó inmensas cantidades de dinero en la financiación de la fabricación de vehículos y de ropa especializada (ropa preparada para la lucha en la guerra antimisiles, o contra las temperaturas bajo cero, o para potenciar la invisibilidad contra los radares, o para, en fin, un sinfín de cosas más) para, en definitiva, luchar contra los maleantes comunes y chuscos, a los que él llamaba, de manera despectiva, puteros y carteristas. El amor, como para la mayoría de los héroes enmascarados, no faltó en su vida: el suyo, representado por el amorío que vivió con Laurie Juspeczyk, el segundo Espectro de Seda.

Y con la descripción de los caracteres básicos de estos tres héroes pongo fin a la revisión, un tanto exhaustiva (pensarán algunos), un tanto esquemática (pensarán otros), de los protagonistas de la serie Watchmen. En lo sucesivo, quizás, continuaré hablando de la serie de cómics. Es un buen momento para hacerlo: se cumplen veinte años desde que se publicó su primera edición y, además, crece la furia popular por los superhéroes. Culpa, claro, de la serie Heroes. Por cierto, un buen amigo me dijo no hace demasiado que existe una cierta similaritud entre las intenciones de Ozymandias y las de Linderman. Pensé: "ay, qué tontería." Pero después lo repensé y concluí que, vaya, quizás no sea una idea tan descabellada. ¿No?

jueves, 28 de junio de 2007

Watchmen II: Los Crimebusters I: El Comediante, Rorschach y Ozymandias

Hoy, tal y como dije ayer, los tres primeros de Los Crimebusters (Los Cazadores de criminales).

Los componentes de Los Crimebusters forman el reparto principal de los personajes que aparecen en la serie Watchmen, y fueron un intento fallido del Capitán Metrópolis de formar, en 1966, un grupo de vigilantes enmascarados heredero de Los Minutemen. En este nuevo grupo de vigilantes, Los Crimebusters, estuvieron: The Comedian (El Comediante), Rorschach (Rorschach), Ozymandias (Ozymandias), Doctor Manhattan (Doctor Manhattan), el segundo Silk Spectre (el segundo Espectro de Seda) y el segundo Nite Owl (el segundo Búho Nocturno).

Hoy hablaré de los tres primeros: The Comedian, Rorschach y Ozymandias. Mañana, haré lo propio respecto a los tres últimos.

Así que, vamos a por los tres primeros.

El Comediante, cuyo auténtico nombre fue Edward Blake, fue el único miembro de Los Crimebusters que también estuvo afiliado a Los Minutemen, a excepción del Capitán Metrópolis. Tuvo una actitud cínica y nihilista sobre la vida y creyó que la mayoría de individuos son incapaces de afectar ni un ápice a la realidad geopolítica del mundo que les rodea. Lo motivaba a El Comediante eran sus propios deseos: era, pues, un egoísta. Fue una persona más bien autónoma, poniéndose del lado de los otros únicamente si los motivos de estos otros eran similares a los suyos. Con una personalidad que en ocasiones rozaba el sadismo, a menudo se vio envuelto en actividades violentas, y se convirtió en un agente del Gobierno durante la Guerra de Vietnam. Casi al final de aquella guerra, una mujer vietnamita a la que había dejado embarazada le atacó, irada y despechada, después de que El Comediante le dejara claro que no la iba a llevar consigo cuando regresara a los Estados Unidos; con una botella rota le rajó severamente la cara, desfigurándolo horriblemente y para siempre. La venganza de El Comediante fue instantánea: la asesinó acto seguido de un disparo a bocajarro; asesinando también de este modo, claro, al hijo que la vietnamita llevaba en su seno. Intentó violar al primer Espectro de Seda, aunque Justicia Enmascarada apareció de manera providencial y logró evitarlo, propinándole una buena paliza (se dijo que fue El Comediante quien posteriormente, en veganza por aquella paliza y por haberse inmiscuido en el intento de violación, asesinó a Justicia Enmascarada). No obstante, El Comediante y el primer Espectro de Seda tuvieron más adelante un breve encuentro amoroso del que nació el segundo Espectro de Seda. Aunque sus acciones fueron abruptas y tuvo una personalidad cruel, El Comediante actuó en ocasiones de un modo que le dibujaba no sólo como una persona de carácter absolutamente egoísta sino también como una persona preocupada por el bienestar de la mayoría: la violencia bestial que demostró en sus actuaciones durante la Guerra del Vietnam la creyó justificada al estar trabajando para su Gobierno, y para la totalidad de su país: los Estados Unidos.

Rorschach fue una persona de moral absolutista (corriente filosófica que opina que ciertas acciones pueden ser juzgadas como correctas o erróneas independientemente del contexto en el que se han subscrito; de acuerdo con esto, la moral es inherente a las Leyes del Universo, o a la naturaleza del Hombre, o a la voluntad o el carácter de Dios, o a alguna otra fuente fundamental, considerando que las acciones son, inherentemente, morales o inmorales). Y fue inflexible en extremo en la respuesta que quiso dar al mal: consideró que éste debe ser castigado, cueste lo que cueste. Sin embargo, y en cierta manera paradójicamente, aseguró que no hay intenciones ni hay moral absoluta que sean impuestas por algo que exista más allá de la mente y la conciencia de los individuos. Su firme oposición al crimen fue igualada por su falta total de empatía por los criminales, a quienes trataba como seres despreciables y ahumanos. Su desprecio por la Ley (de la que pensaba, además, que no era ni válida ni suficiente para combatir el crimen), la Justicia, el Gobierno y la policía fue lo que le impulsó a convertirse en vigilante enmascarado. Mostró poca reverencia por las leyes morales “convencionales”, llegando a tomar medidas drásticas y meridianas para intentar conseguir sus objetivos: la tortura e incluso la ejecución de criminales fueron herramientas que, en ocasiones, consideró. Determinado a no tomarse la vida como si fuera un mero espectador, la existencia del crimen le convierte, lo mismo que a Batman, en un cruzado radical contra el crimen. Tuvo un comportamiento muy extraño en cuanto al sexo, disgustándole tanto los comportamientos homosexuales como la visión, aunque fuera de manera velada o disimulada, de cualquier silueta femenina. Por esto último, no soportó ningún tipo de vestuario que pudiera remarcarla, y por eso le disgustó profundamente el provocativo atuendo del segundo Espectro de Seda.

Ozymandias fue, en lo aparente, el mejor miembro de los componentes de Watchmen. Aun así fue un elitista intelectual que creyó en el utilitarismo (que postulaba que el valor moral de una acción es determinado, únicamente, por su contribución a la utilidad global) y que deseó asesinar a millones de personas inocentes en el intento de preservar la vida de billones de ellas. Como Rorschach, se creyó exento de las normas que rigen el comportamiento de los normales y poniéndose a sí mismo más allá de lo que es la experiencia humana habitual. Tanto su comportamiento como la imagen que tenía de sí mismo apuntan a una personalidad megalomaníaca, mientras que su ciega admiración por Alejandro Magno le dejó en lo hondo del alma el poso de algo parecido a un resentimiento consigo mismo. Ni con su filantropía, ni con sus inventos, ni con sus enormes y multimillonarias aventuras empresariales pudo acabar de expresar, ni de materializar, sus ansias de grandeza. Quiso ser un héroe a la manera de los antiguos, a la manera de Alejandro Magno, pero no pudo. Esto hizo que tuviera, en lo aparente, una cierta indiferencia, que algunas ocasiones rozó la crueldad, por las vidas de la gente ordinaria. Si el Doctor Manhattan pudo ser visto como Dios, Ozymandias, entonces, pudo ser visto, no de manera demasiado oblicua, como el aspecto apolíneo (lo que hace referencia a las artes plásticas, a la belleza, a la nitidez, a la individualidad, a la razón crítica, a la perfección, a la creación, en oposición a lo dionisiaco, que es lo que hace referencia al instinto, al dolor, a la no individualidad, a la pasión orgiástica, al exceso, a la destrucción) de la filosofía de Nietzsche.


Figura 1: Los Crimebusters, según Lego. Detrás: Doctor Manhattan. Enmedio, de izquierda a derecha: Ozymandias, Espectro de Seda, Búho Nocturno y Rorschach. Delante: El Comediante.

miércoles, 27 de junio de 2007

Watchmen: Los Minutemen

Los Minutemen (nombre que se le dio en el siglo XVIII, justo antes de la Guerra de Independencia norteamericana, a un grupo de milicianos de Massachusetts preparado para actuar en acciones militares instantáneas; también se le dio este nombre a una organización ultrasecreta que tuvo como propósito el de luchar contra la invasión comunista de los Estados Unidos) fueron un grupo de superhéroes formado antes de los eventos narrados en el cómic Watchmen. Los componentes de este grupo, que nació en 1939 y se disolvió en 1949, fueron: Hooded Justice (Justicia Enmascarada), el primer Nite Owl (el primer Búho Nocturno), el primer Silk Spectre (el primer Espectro de Seda), Captain Metropolis (Capitán Metrópolis), Mothman (El Hombre Polilla), Dollar Bill (Dollar Bill) y Silhouette (Silueta). Después de su disolución, Capitán Metrópolis intentó en 1966 formar un grupo que sucediera a Los Minutemen, al que se le llamó Los Crimebusters (Los cazadores de criminales). En este grupo estuvieron los principales protagonistas del cómic que antes mencionaba: Watchmen. Estos fueron: The Comedian (El Comediante), Rorschach (Rorschach), Ozymandias (Ozymandias), Doctor Manhattan (Doctor Manhattan), el segundo Silk Spectre (el segundo Espectro de Seda) y el segundo Nite Owl (el segundo Búho Nocturno).

Hoy me dispongo a hacer un repaso de los componentes de Los Minutemen. Mañana haré lo propio con los tres primeros componentes de Los Crimebusters. Y pasado mañana, con los tres últimos. La fuente de la que me inspiro: la gloriosa wikipedia, claro.

Allá vamos.

Justicia Enmascarada fue un hombre extremadamente imponente y corpulento, cuya identidad real no se revela en Watchmen. Hay quien dice que fue Rolf Nuller, un hombre que trabajó en un circo interpretando el papel de Hombre de Acero. Fue el primero de los vigilantes enmascarados (el primero de los watchmen) y, según se rumoreaba, fue homosexual. Justicia Enmascarada desapareció cuando Los Minutemen fueron cuestionados por el Comité de Actividades Antiamericanas, y nunca más fue visto de nuevo. Según se dijo, fue asesinado por El Comediante (del que hablaré mañana).

El primer Búho Nocturno fue el héroe encarnado por Hollis Mason, un policia que se convirtió en aventurero enmascarado después de ser inspirado por un artículo publicado por el New York Gazette que hablaba sobre Justicia Enmascarada. Después de pasar años al servicio de Los Minutemen, escribió un libro titulado Under the Hood, en el que explicó muchos detalles acerca del grupo, y muy en particular el intento de violación de Sally Jupiter (el primer Espectro de Seda) por parte de El Comediante (del que, como he dicho antes, hablaré mañana). Después de la disolución de Los Minutemen, y del ascenso del Doctor Manhattan, prefirió retirarse y trabajar como mecánico de coches antiguos, pasándole el testigo a Dan Dreiberg, quien se convertiría en el segundo Búho Nocturno.

El primer Espectro de Seda fue el sobrenombre que adoptó Sally Juspeczyk (también llamada Sally Jupiter). De origen polaco (aunque a menudo negó su origen y por este motivo cambió su apellido original por el de Jupiter), trabajó como camarera y como bailarina antes convertirse en una luchadora contra el crimen y por la justicia, siguiendo el consejo de su agente, y futuro marido, Laurence Schexnayder. Debe decirse que su matrimonio con Schexnader fue de lo más turbulento, y acabó en divorcio. Después se retiró a una casa de reposo de California.

Capitán Metrópolis. Así fue como se hizo llamar Nelson Gardner, exteniente de la marina y uno de los más activos defensores de Los Minutemen. Él fue quien sugirió la idea de que unir las fuerzas de cada vigilante enmascarado sería la manera más efectiva para luchar contra el crimen. Los "males de la sociedad" fue lo que, según dijo, a él le impulsó a luchar contra el crimen. Sin embargo, lo que él define como “mal de la sociedad”, como por ejemplo las manifestaciones pacifistas y la creciente promiscuidad en los Estados Unidos, se contradice con las motivaciones que, según muchos, tuvo en su intento por cambiar el mundo. Según los que le criticaron, estas motivaciones siempre fueron egoístas o, al menos, conservadoras; siempre en beneficio propio en lugar de ser en beneficio del bien de la sociedad. Nelson Gardner negó, por supuesto, una y otra vez estas acusaciones. Se ha sugerido también que estuvo envuelto en una relación homosexual con Justicia Enmascarada, y que se necesitó por ello fingir una relación entre Sally Jupiter y la misma Justicia Enmascarada para prevenir cualquier sospecha por parte de la sociedad. Cosa que, dados los tiempos que corrían por aquel entonces, hubiera dañado irreparablemente la imagen de Los Minutemen.

El Hombre Polilla, cuyo auténtico nombre fue Byron Lewis, fue un personaje menor dentro del grupo de Los Minutemen. Fue investigado, lo mismo que Justicia Enmascarada, por el Comité de Actividades Antiamericanas, lo que le hundió en un profundo alcoholismo que, al final, consiguió encerrarlo en un sanatorio. No es, como antes decía, uno de los personajes principales (aparece en flashbacks ocasionales) pero es considerado con cariño por la mayoría de Los Minutemen.

Dollar Bill fue originariamente una estrella del atletismo universitario de Kansas. Fue empleado inicialmente por uno de los mayores bancos nacionales, aunque de nombre desconocido, como superhéroe interno. Su misión: defender los intereses del banco. Después de trabajar en este primer banco, trabajó de lo mismo para otros bancos menos importantes. Hasta que un día, mientras intentaba parar un asalto a uno de los bancos para los que trabajó, su capa se enredó en la puerta giratoria de la entrada y los asaltantes aprovecharon para asesinarlo a balazos. En Under the Hood, Hollis Mason le describe como un hombre honesto y amigable, y lamenta la estupidez que supone el llevar capa, cosa que acabó con la vida de Dollar Bill. Aunque las motivaciones de Dollar Hill fueron claramente comerciales, sus compañeros de Los Minutemen, lo mismo que la siguiente generación de vigilantes enmascarados, le consideró un héroe dignísimo.

Silueta, de nombre Ursula Zandt, se convirtió en una luchadora contra el crimen en 1939. En 1946 fue expulsada del grupo cuando se reveló públicamente que era lesbiana. Seis semanas después, ella y su amante fueron asesinadas por un adversario que buscaba venganza. Judía de nacimiento, tuvo que dejar Alemania a causa del auge del nazismo. Junto con El Hombre Polilla, es uno de los componentes de Los Minutemen menos conocidos.

Y mañana, más. Mañana: El Comediante, Rorschach y Ozymandias.


Figura 1: Los Minutemen, según Lego. Detrás, de izquierda a derecha: Silueta, Hombre Polilla, Dolar Bill, Búho Nocturno, Capitán Metrópolis, Espectro de Seda y Justicia Enmascarada. Delante: El Comediante (que no fue, propiamente dicho, uno de los componentes de Los Minutemen).

martes, 26 de junio de 2007

Las estatuas II

Pensando en lo que ayer os comentaba acerca de estatuas y de ángeles, he recordado una fotografía que le hice a una estatua que había encima de una lápida del cementerio romano en el que están enterrados los poetas románticos ingleses John Keats (nacido en 1795 y muerto en 1821) y Percy Bysshe Shelley (nacido en 1792 y muerto en 1822). Es muy evocadora y la verdad es que, vista desde cerca, impresiona.



lunes, 25 de junio de 2007

Las estatuas

Opino que hay algo en las estatuas que no deja indiferente a quien las mira. Que hay algo en ellas que hace que impresionen mucho más que otros objetos producidos por los artistas que exploran el arte. Yo no sé qué es pero me aventuro a decir que quizás, sea lo que sea, tenga que ver con su aspecto impertérrito y quieto. Y que, por esto mismo, por este aspecto reposado con el que habitan el mundo, que quizás ese algo del que hablo tenga que ver con la eternidad misma.

La primera vez que me di cuenta de ello no fue mirando una estatua sino que fue mirando un cuadro titulado: Pillars of the Kings. Este cuadro, pintado por los hermanos Hildebrant en 1978 para un calendario dedicado a J.R.R. Tolkien, representa a los Argonath, un monumento formado por dos estatuas colosales construidas en el año 1250 de la Tercera Edad de la Tierra Media y utilizado para marcar el límite norte del Reino de Gondor. Cada una descansa a un lado de río Anduin, y están talladas en dos enormes pilares que representan a los hermanos Isildur y Anárion, los primeros reyes de Gondor. Pues bien, el dibujo de estas estatuas impresiona. Porque en ellas el poso de lo eterno y de lo inmutable aparece y te mira muy directo y muy hacia adentro. Los antiguos reyes de Gondor, aunque muertos hace ya mucho tiempo, parece que reposen en el interior de estas estatuas y que, desde lo antiguo del tiempo, permanezcan vigilantes de lo que ocurre en lo que un día fue su mundo.

A partir de entonces fue cuando me di cuenta de que las esculturas -y en particular hablo de las estatuas que representan figuras de hombres y mujeres- hablan, en lo hondo, de lo eterno. A partir de entonces fue cuando leí de un modo diferente aquel pasaje del Génesis 19 en el que Dios, después de invitar a Lot, a su mujer y a sus dos hijas, a que huyan de la ciudad de Sodoma advirtiéndoles de que: “look not behind thee, neither stay thou in all the plain; escape to the mountain, lest thou be consumed”*, y después de que la mujer de Lot mire hacia atrás, la convierte en una estatua de sal. Porque la mujer de Lot, vencida por la tentación de la curiosidad, mira hacia atrás y Dios lo había prohibido. “But his wife looked back from behind him, and she became a pillar of salt.”* Ay, sí, la mujer de Lot mira hacia atrás y, entonces, por la voluntad de Dios, se convierte en una triste estatua de sal. Quieta para siempre, como estatua, y manteniendo en su rostro la expresión de pánico al ver como Dios destruye, mediante el fuego y el azufre, la ciudad de Sodoma. Al leer este pasaje del Génesis me parece como si Dios nos dijera: obedecedme, pues aquel que no lo haga, aquel que no obedezca mis mandatos, vivirá en el infierno durante toda la eternidad. El infierno eterno simbolizado, en este caso, por la inmovilidad eterna a la que se ve sometida la mujer de Lot. Además: ¿no habéis pensado nunca que quizás Dios, al convertirla en estatua de sal, le mantiene, en cambio, intactas las facultades del pensamiento? Yo sí. En La Biblia no lo dice, pero cuando leía es pasaje del Génesis pensaba: por no obedecer, va a sufrir, en su cuerpo y en su espíritu, la crueldad y el horror más absoluto: el horror de tener que permanecer quieta para siempre y manteniendo en su recuerdo las imágenes del fuego y del azufre con los que Dios azota al pueblo de Sodoma, los sodomitas. Siendo la conversión a estatua un castigo por su desobediencia, esto que os digo tiene cierto sentido, ¿no?

Ah, ¿y no os parece que una estatua quebrada es la imagen más melancólica del mundo? Porque, si asumimos que las estatuas juegan con la idea de lo eterno, y con la eternidad; si pensamos que las estatuas, impertérritas, se burlan silenciosamente del tiempo, entonces ver una estatua quebrada supone un revés que el tiempo mismo da a esa eternidad para la que han sido definidas. Como si el hecho de quebrarse la estatua por el paso del tiempo hiciera crujir a la eternidad misma. Como si hasta lo que presuntamente había de ser eterno, desde dentro mismo de su ser nos dijera: mirad, no puedo ser eterno, me vence el tiempo. Por eso, es raro pasear por un cementerio y ver estatuas caídas o quebradas o rotas: hay una crueldad extraña que ataca al centro de la esperanza misma de quien cree en la vida eterna que le ha de esperar en la otra vida. Y, ¿no os parece que es aún más raro ver la estatua de un ángel caída, quebrada o rota? Pues si antes, al ver una estatua derruída de este modo hacía que te creciera una fatiga honda en el espíritu, ahora, al ver del mismo modo la de un ángel, la fatiga que te crece es doble: por ser una estatua y estar esta quebrada; y por ser una estatua que, además, es la representación de un ángel (pues: ¿cómo puede, un ser que ha sido enviado por Dios mismo, caer y quebrarse?, ¿no estaba eso reservado, únicamente, para el malo del mundo?)

Hablaba de las estatuas rotas. Y de la melancolía que produce el mirarlas. Pero no son estas estatuas las únicas capaces de hacer crecer la melancólia en quien las mira. Lo son también aquellas estatuas que representan a personas que ya han muerto pero que un día, cuando estuvieron vivas, fueron grandes. Aquellas estatuas que representan a personas que un día fueron héroes, tanto en lo intelectual como en lo físico. Aquellas estatuas que prolongan, desde el pasado hasta el presente, la presencia de la persona a la que representan pero que hacen evidente, precisamente por la ausencia de esta persona que un día fue grande, la finitud del tiempo que nos ha tocado vivir: pues si aquellos que fueron grandes vieron como se agotó su tiempo y de ellos no queda más que el recuerdo, hecho presente para nosotros por la presencia de una estatua, ¿no va a agotar el destino, y aun con más motivo pues somos tan sólo unos pobres mediocres, el nuestro? Me acuerdo de la emoción intensísima que sentí cuando, en Roma, me senté en el pedestal de la estatua que la ciudad había erigido en honor de Giordano Bruno; y me acuerdo lo mismo de cuando, pensando en lo descomunal del intelecto del insigne filósofo al que la estatua representa, y pensando lo mismo en el tiempo que había huído desde que sus huesos se habían confundido con el polvo de la tierra, estremecido, lloré.




Figura 1: Pillars of Kings (1978), pintura acrílica sobre tabla, de los hermanos Hildebrandt.
Figura 2: estatua dedicada a Giordano Bruno situada en la plaza Campo dei Fiori de Roma.
* citas de La Biblia extraídas de la traducción al inglés para el Rey James, The King James Version.

domingo, 24 de junio de 2007

Superhéroes VI: Superman, el Héroe

Román Gubern (1934), catedrático de Comunicación Audiovisual en la Universidad Autónoma de Barcelona, afirma que Superman es una figura simétrica a la de Cristo. Dice de Superman que:

a) Igual que Cristo, tiene orígenes extraterrestres.
b) Llega a su destino huyendo de un cataclismo (la destrucción de su planeta: Kripton), lo mismo que huye la familia de Cristo de la matanza de Herodes.
c) Tiene una doble personalidad: una, como hijo del padre extraterrestre; y otra, como hijo del padre terrestre.
d) Se hace hombre al amparo del hogar de un matrimonio modesto, cuidadoso en su comportamiento y de valores intachables. Un matrimonio que, además, carece de hijos.
e) Como hijo del padre extraterrestre, efectúa prodigios que maravillan tanto a sus padres terretres como a los habitantes del pueblo en el que habita.
f) Antes de iniciar su vida pública, abandona su hogar y se retira a meditar, al amparo de la soledad, a un paraje deshabitado y hostil.
g) Ayuda a los necesitados y defiende a los oprimidos, sin pedir nunca nada a cambio.
h) Es inalterable a las tentaciones mundanas, manteniéndose célibe y casto (al menos si hablamos del personaje original).
i) Debido a su identificación con el padre extraterrestre, efectúa prodigios contrarios a la física y a la naturaleza.

Nosotros, que no sólo somos herederos de la tradición judeocristianas encarnadas en Cristo sino que también la vivimos por ser el substrato de nuestro comportamiento social y hasta de nuestros valores, no podemos mantenernos al margen de un símbolo como el que representa este superhéroe. Superman es el superhéroe que más se enraíza hondo del subsuelo de nuestra cultura.. Nos puede gustar o no el estilo aventurero de este superhéroe, nos pueden gustar o no sus aventuras, pero no podemos ignorarlo ni dejar de asumirlo como uno de los iconos de nuestra cultura, en el que, como pasa con Cristo, se resume la lucha arquetípica entre el Bien y el Mal (así, en mayúsculas).

La lucha entre el Bien y el Mal es uno de los temas que abordan las historias de superhéroes. Pero en la mayoría de estas historias, esta lucha no es central, mientras sí lo es en el de Superman. Me refiero a que, por ejemplo, parte de las preocupaciones de Batman y de Spiderman conciernen al Bien y al Mal, pero estas nos son las únicas preocupaciones con las que se atormentan. Ni son tampoco, de hecho, las más importantes. Porque en Batman y en Spiderman lo central es la batalla que han de mantener cada día con su propia psique. A diferencia de los creadores de Superman (creado en 1932 por el dibujante Joe Shuster y el guionista Jerry Siegel), los de Batman (creado en 1939 por el dibujante Bob Kane y el guionista Bill Finger) y los de Spiderman (creado en 1962 por el dibujante Steve Ditko y el guionista Stan Lee) estuvieron más centrados en las características poliédricas de la psique del Hombre (y en los problemas que de esta capacidad se derivan) que en la lucha arquetípica entre el Bien y el Mal. Y estas características son las que resumieron en sus creaciones. En cambio, en Superman el tema central, y casi único, es la lucha entre el Bien y el Mal. Porque, en lo básico, Superman carece de la profundidad psicológica que sí tienen Batman y Spiderman. En parte porque en ninguna de las dos personalidades de Superman (la de Clark Kent y la de Superman mismo) hay duda sobre cuál es la condición de su existencia (de hecho Clark Kent es un mero disfraz del verdadero personaje: Superman; así que, en el fondo, hay únicamente una sola personalidad). Y en parte porque, claro, Superman no ha escogido esta condición vital: él es como es. En cambio, tanto Batman como Spiderman tienen la posibilidad de no hacer lo que hacen, de ignorar ese yo superheroico que han asumido como suyo, y de vivir como hombres normales.

Sea como sea, Superman es, por su profunda capacidad simbólica y por los temas arquetípicos de los que habla, un superhéroe sin parangón.

sábado, 23 de junio de 2007

La vida sigue, cariño, la vida sigue


"¡Oh, mírate! ¡Sigues igual de guapa y esbelta!" "Cariño, ¿qué te trae por la ciudad de los muertos?"


Figura 1: viñeta del capítulo segundo de Watchmen.

viernes, 22 de junio de 2007

Superhéroes V: a propósito de Watchmen

Acabo de releer el primer capítulo de la serie Watchmen. Escrita por Alan Moore, dibujada por Dave Gibbons y coloreada por John Higgins, los doce capítulos de los que consta la serie fueron publicados durante 1986 y 1987. Al poco tiempo de ser publicada se convirtió en una obra mito. Premiada y prestigiada por todo tipo de publicaciones se la consideró, de manera casi unánime, una obra maestra más allá del medio de expresión en el que había sido creada: el cómic. Y es una obra, además, muy meditable y en la que se plantea de manera trágica, y hasta melancólica, el papel y el sentido del Héroe y de lo heroico en la sociedad moderna.

Pues bien, como decía antes, he releído el primer capítulo de Watchmen.

En este capítulo hay diálogos y pensamientos memorables. Uno de esos pensamientos a los que me refiero es el que, a propósito de la muerte de un antiguo amigo (y socio en la defensa de la justicia y del Bien), nos regala el Dr. Manhattan. Dice este Héroe, pensando en la vida y en la muerte: “Un cuerpo vivo y un cuerpo muerto tiene el mismo número de partículas. Estructuralmente, no hay diferencia. La vida y la muerte son abstracciones. ¿Por qué debería estar apenado?”

La diferencia entre la vida y la muerte. Tema meditable por antonomasia, ¿no?

Estas frases del Dr. Manhattan me han hecho pensar en estos dos conceptos de los que hablan. ¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte? ¿Desde cuándo el Hombre se preocupa por la vida y la muerte? ¿Desde lo más antiguo de lo antiguo? ¿O, más bien, desde que en el corazón del Hombre surgió el hecho de lo religioso? Yo no sé decidir una respuesta clara y meridiana que dé respuesta a estas preguntas pero la verdad es que pensando en ellas, y pensando lo mismo en otras que giran alrededor del mismo tema (el tema de la vida y de la muerte), he releído algún capítulo de algún libro que habla de la historia de los más antiguos y que tenia sometido al polvo y al aburrimiento en alguna de las estanterías que tengo en casa. Resumo lo que he leído.

Resulta que hay evidencias físicas que aseguran que los hombres de Neandertal ya enterraban a sus muertos: en La Ferrassie (Francia) y en Shanidar (Irak), por ejemplo, se han encontrado tumbas en las que familias enteras están ubicadas en posiciones nada azarosas junto a lo que fueron, aseguran los estudiosos, sus más valiosos bienes. Estas evidencias físicas aseguran que aquellos hombres, que vivieron hace 30000 o 40000 años, ya supieron distinguir entre lo que era la vida y lo que era la muerte. Y, a raíz de estas mismas evidencias, los estudiosos derivan también que los hombres de Neandertal ya tenían un concepto ancho de lo que era el alma, y que, además, tenían un sistema organizado de bienestar social, de cuidado y respeto por los ancianos, y de organización política (de gobierno) y filosófica. No obstante, debe decirse que estos lugares de entierro han sido cuestionados por otros estudiosos en la materia, por considerarlos fraudulentos; o por considerarlos, simplemente, casuales.

Pero si consideramos estos lugares de entierro como verídicos y no como lugares en los que casualmente se han acumulado esqueletos y utensilios antiguos (es decir, si consideramos que los hombres de Neandertal efectivamente enterraban a sus muertos), y aunque no supongamos todo lo que los arqueólogos concluyen a partir de esta suposición (y que antes enumeraba), podemos meditar en dos consideraciones: en la del entierro como hecho físico, y en la de entierro como hecho ritual. En cuanto a lo físico, e independientemente de cualquier otro aspecto añadido, el simple hecho de enterrar a los muertos había de ser útil por dos motivos: para disuadir a los animales carroñeros y para enmascarar el olor pútrido de los cadáveres en proceso de descomposición. En cuanto a lo ritual, en cambio, el hecho de entierrar a los muertos se dibuja más complejo para el entendimiento, pues se derivan de este hecho la existencia de dos ideas llave para entender el desarrollo histórico del Hombre: la idea de la vida y la idea de la muerte; pues lo ritual hubo de servir, y sirve, para definir una frontera que ellos ya empezaron a ver: la frontera que hay entre el vivo y el muerto.

Aquellas primeras celebraciones rituales de la muerte santificaron la vida. Y constituyeron la primera evidencia de que el hombre se empezó a plantear algo que, conceptualmente, alcanzaba más que la simple valoración instintiva de la vida; de que empezó a formarse lentamente, desde la bruma de los tiempos en los que la historia del Hombre casi no estaba dibujada, una convicción que decía que la vida es digna de reverencia.

Ah, momento trascendente como pocos en la historia del Hombre, ¿no? Pues aquella reverencia a la vida que el Hombre ha practicado desde entonces es lo que ha permanecido como la base moral de toda acción humana desde entonces.


Figura 1: entierro en La Ferrassie.

jueves, 21 de junio de 2007

Superhéroes IV: la tragedia del Héroe

Robin Lane Fox (1946) es un historiador sesudo que trabaja en la Universidad de Oxford. Si hablamos del mundo clásico, es imprescindible sopesar tanto sus palabras como sus obras escritas: es un referente en todo lo que ser refiere a la Grecia y a la Roma antigua. Es más: rinde culto a Homero.

De Homero dice: “Inventó la nostalgia.” Y continúa: “Fue [Homero] quien supo llenar con historias y palabras ese agujero que hiere en las entrañas cuando uno está lejos de casa. También supo contar, de manera cruda y realista, lo que significan la gloria y la fama en esta vida, atrapó el dolor que nos abate ante la pérdida de los más próximos y mostró cómo los Héroes se equivocan, y lo descubren en los momentos trágicos cuando ya es demasiado tarde.”

Robin Lane Fox, tal y como decía antes, rinde culto a Homero. Así que Homero es, para él, un Héroe. Un Héroe al estilo de los Héroes de los que hablaba Thomas Carlyle. Un Héroe que, además, escribió la epopeya de los Héroes.

Pero para Robin Lane Fox el mundo no sólo son bibliotecas, clases y salas de conferencias. Asesoró en lo histórico a Oliver Stone durante el rodaje de Alejandro. Y ha publicado no hace demasiado un libro titulado El mundo clásico. La epopeya de Grecia y Roma, que, además, se ha convertido en un superventas en el mundo anglosajón.

miércoles, 20 de junio de 2007

Superhéroes III: de Héroes y Hombres

Al amparo del Cristo y del Cristianismo no hacían falta Héroes. Pero hubo un día en el que el Cristo se borró de la imaginación del Hombre y que el Cristianismo se diluyó en el mundo de las ideas y de los conceptos y de la luz. Y entonces el Hombre se sintió desamparado y solo.

Y entonces apareció Hegel y creó al Superhombre.

Georg Hegel (1770-1831), alemán, pensó que la mayoría de las personas eran incapaces de conseguir éxitos vitales dignos. Y, también, que fuerzas vastas, impersonales, de las que no podemos escapar, controlan nuestras vidas. Pero, pensó Hegel, ocurre que en ocasiones aparecen individuos que tienen una extraordinaria sabiduría, o que tienen una extraordinaria capacidad para hacer proezas, y que resumen en ellos el espíritu de su tiempo y fuerzan el curso de la Historia. Estos individuos, los Héroes de Hegel, fueron déspotas sedientos de sangre, y desplazaron a los Santos y a los Piadosos en el corazón del Hombre.

Friedrich Nietzsche (1844-1900), alemán como Hegel, abundó en el concepto de Superhéroe, y lo extremó. “El hundimiento anárquico de nuestra civilización fue un pequeño precio a pagar por un Genio como Napoleón.” “Las desgracias de la gente insignificante, de la gente de poca importancia, no cuentan para nada excepto en los sentimientos de los hombres de poder.” Pensaba Nietzsche que el artista-tirano era el tipo más noble de hombre, y que la “crueldad espiritualizada e intensificada” era la forma más alta de cultura.

Pero no solo Alemania modeló al Superhombre. Thomas Carlyle (1795-1881), que fue escocés, pensó que la Historia era poco más que el registro de los logros de los Grandes Hombres que la habían vivido. Carlyle abogaba por el culto al Héroe por ser, según él, una especie de religión laica mediante la que se podía conseguir la auto-mejora. Dijo: “la Historia de lo que el Hombre ha conseguido en este mundo es, en lo hondo, la Historia de los grandes hombres que han trabajado aquí.” “El culto a un Héroe es, significa, la admiración trascendental a un Gran Hombre… no hay, al cabo, nada más admirable… la Sociedad está fundamentada en el culto al Héroe” y en la “admiración sumisa por lo realmente grande.” Pensaba Carlyle que no es la Historia quien fabrica a los Héroes, sino que son los Héroes quienes fabrican la Historia.

Por esto último se creyó, entonces, que eran los Grandes Hombres, los Héroes, quienes podían salvar a la Sociedad de su decaimiento y de su perdición. Sí, en verdad fue esto lo que se creyó. Pero es cuando nos fijamos en el período histórico en el que surgió esta creencia, el siglo XIX, que entonces esta idea se nos hace rara. Pues el siglo XIX fue una época en la que las democracias europeas florecieron por doquier, y se hace raro el pensar que estas mismas democracias fueron las que confiaron cada vez más y más poder a sus líderes, a los que otorgaron el papel de auténticos Héroes, y fueron lo mismo las que se rindieron a sus modos demagógicos y a su carácter dictatorial. Pensemos en como, durante el siglo XX, desembocaron en el horror algunas de las democracias europeas.

Y este horror en el que desembocaron alguna de las democracias europeas hizo que, andando el tiempo, desconfiáramos de los Grandes Hombres, los Héroes del presente (aunque la imaginación y la fantasía mantengan, no obstante, una cierta veneración por los Héroes del pasado). Y que, perdido el Cristo y perdidos, lo mismo, los Grandes Hombres a los que rendir culto, el Hombre se volvió a sentir desamparado y solo.

Y entonces, al ver al Hombre desamparado y solo, aparecieron de lo oscuro los Otros Héroes. Los Héroes que, aunque siempre habían estado aquí, por fin pudieron estar solos. Entonces vinieron el Poder, y la Riqueza, y el Éxito, y el Dinero. Los Héroes del presente.

Cuando pienso en los Héroes del presente muchas me acuerdo del final de una película de David Fincher titulada The Fight Club (1999). Me refiero a cuando el narrador, interpretado por Edward Norton, le dice a Marla Singer, interpretada por Helena Bonham Carter: “I'm sorry... you met me at a very strange time in my life.” (que, traducida al castellano, dice: "Me has conocido en un momento extraño de mi vida.")

Y entonces, la destrucción.

Superhéroes II: Also sprach Zarathustra

Friedrich Nietzsche, en su libro Así habló Zaratustra (Also sprach Zarathustra, en el original alemán), escrito entre 1883 y 1885, y publicado, como libro entero, en 1892 (Nietzsche lo escribió en cuatro partes, y las tres primeras ya habían sido publicadas en 1887), escribió: “Escuchad y os diré lo que es el superhombre. El superhombre es el sentido de la tierra. Que vuestra voluntad diga: sea el superhombre el sentido de la tierra. ¡Yo os conjuro, hermanos míos, a que permanezcáis fieles al sentido de la tierra y no prestéis fe a los que os hablan de esperanzas ultraterrenas! Son destiladores de veneno, conscientes o inconscientes. Son despreciadores de la vida; llevan dentro de sí el germen de la muerte y están ellos mismos envenenados. La Tierra, está cansada de ellos: ¡muéranse pues de una vez!”

martes, 19 de junio de 2007

Superhéroes

Durante el siglo XIX se vivió la obsesión por los héroes. Los estudiantes ingleses se educaron siguiendo el modelo del duque de Wellington. Bismarck se convirtió en el modelo de comportamiento para los alemanes. El nombre de Napoleón Bonaparte inspiró reverencia. Y Abraham Lincoln no fue menos que un héroe para los habitantes estadounidenses.

Durante el siglo XIX se creyó que la sociedad podía ser moldeada por las acciones de unos pocos individuos excepcionales. Esta idea tuvo su eco, ya en el siglo XX, en los cómics y en las películas en los que aparecían superhéroes. Me refiero a personajes como Superman, Batman, Spiderman, los componentes de la Patrulla X o los de los 4 Fantásticos.

lunes, 18 de junio de 2007

La trompetilla acústica de Leonora Carrington

Dentro de muy poco, cuando acabe de leer The Picture in the House (un cuento que Howard Phillips Lovecraft escribió en 1920 y en el que habla de una casa quieta al final de un camino habitado únicamente por el silencio), empezaré a leer una novela que escribió una escritora llamada Leonora Carrington, y que se titula: The Hearing Trumpet. No sé casi nada de esta escritora y la verdad es que, cuando la compré, tampoco sabía casi nada de la novela. Así que, seguramente, os preguntaréis: "¿por qué narices la compraste, amigo?" Bueno, pues lo hice por dos motivos, a cuál más tonto. El primero: porque me gustó la portada del libro (en la que aparece un dibujo de una tal Emilie Seron, de la que, como me pasa con la escritora, tampoco sé demasiado); y el segundo: porque resulta que relaciono a esta escritora, no sé por qué motivo lateral a mi entendimiento (reforzado, supongo, por lo poco que sé de ella), con otra escritora que me gusta muchísimo: Angela Carter.

Os voy a copiar a continuación el argumento de la novela según se lee en la contraportada de la edición que me compré (la publicada por la editorial Penguin Books en su colección Modern Classics). Si el texto que os copio os parece malo, o hasta horroroso, es porque lo he traducido del inglés. Así que si os parece malo, o, insisto, hasta horroroso, es únicamente por mi culpa.

“Unas de las primeras cosas que Marian Leatherby, de noventa y dos años de edad, oye por casualidad cuando le dan una trompetilla acústica ricamente decorada, son las maquinaciones que trama su familia para enviarla a un asilo. Al poco tiempo Marian se encuentra atrapada en una siniestra casa de retiro, en la que los ancianos deben habitar en edificios con forma de iglúes, resistir retorcidos sermones y comer en una cantina vigilada por el retrato misterioso de una abadesa de mirada lasciva. Pero cuando otro residente le pasa, secretamente, un libro que cuenta la vida de la abadesa, una divertida y surrealista aventura empieza a revelarse.”

De esta novela, que Leonora Carrington escribió durante los años sesenta y fue publicada originalmente en Francia en 1974, dice Luis Buñuel: “Al leer The Hearing Trumpet nos sentimos liberados de la miserable realidad de nuestros días.”

Leonora Carrington nació en 1917. Aún vive.


Figura 1: portada de la edición de The Hearing Trumpet publicada por la editorial Penguin Books en su colección Modern Classics.

domingo, 17 de junio de 2007

No somos inmutables

Hablemos de deformaciones corporales.

A mí me espeluzna el saber que no somos templo, que no somos inmutables y que existe en nosotros la posibilidad de la modificación física. Me espeluzna el saber que nuestras proporciones o características corporales pueden ser alteradas si son sometidas a la voluntad de la imaginación, de la fuerza física o del tiempo.

Por ejemplo, si imagináis a una persona gritando con la boca muy abierta a la manera de las heroínas de las películas de miedo, es seguro que no sentiréis una impresión especialmente honda. Pero, en cambio, si imagináis de nuevo a una persona gritando, pero ahora con la boca muy, muy abierta de manera que la cavidad bucal duplique el tamaño de la cavidad bucal de alguien que al gritar abre la boca a la manera de las heroínas de las que antes hablaba, es seguro que sentiréis una sensación de extrañeza, y hasta de incomodidad, por la discordancia que hay entre esta imagen y la realidad. Este sería un caso de modificación física por la voluntad de la imaginación.

O, por ejemplo, si rememoráis el final de un cuento de Edgar Allan Poe titulado Berenice, es seguro que sentiréis un escalofrío al imaginar de nuevo el momento en el que uno de los sirvientes de la casa en la que habitan Berenice y su primo Egaeus habla a Egaeus, entre susurros, de una tumba violada (la de Berenice), y de un cadáver desfigurado y que aún respira (el de Berenice). Recordad: Egaeus, poseído por la locura monomaniática en la que se sumerge por la visión de los dientes de Berenice, extrae las piezas dentales de Berenice estando ésta aún viva pero enterrada. Este sería un caso de modificación física por la voluntad de fuerza física.

O, por ejemplo, y ya para acabar, si pensáis en las modificaciones con las que, en vosotros mismos, se ha cebado el paso del tiempo. Coged una foto vuestra de hace muchísimos años y comparadla con el reflejo que aparece enfrente vuestro cuando os miráis a un espejo. La piel de grieta puebla los lugares en los que antes había piel de melocotón; la nariz ha cambiado, las orejas han cambiado y hasta la circunferencia que define el contorno de la cabeza ha cambiado; tendemos, a lo largo de nuestra vida, del nenúfar a la momia. Este sería un caso de modificación física por la voluntad del tiempo. La más invisible (pues al ser la modificación a la que estamos más habituados en lo común de los días, ni la sopesamos) pero no por ello la menos terrible.

Al pensar en todo esto que os acabo de escribir, me he acordado de un pasaje de La Biblia que dice: “What? Know ye not that your body is the temple of the Holy Ghost which is in you, which ye have of God, and ye are not your own?” (Corinthians, 6: 19, en según The King James Version de La Biblia). Pensar en este pasaje y pensar lo mismo en todo lo que os he escrito antes es la risa, ¿no creéis?

Pulpa IV

"I looked, and a pang of horror seized my heart as with a white-hot iron.There upon the floor was a dark and putrid mass, seething withcorruption and hideous rottenness, neither liquid nor solid, but meltingand changing before our eyes, and bubbling with unctuous oily bubbleslike boiling pitch. And out of the midst of it shone two burning pointslike eyes, and I saw a writhing and stirring as of limbs, and somethingmoved and lifted up what might have been an arm. The doctor took a stepforward, raised the iron bar and struck at the burning points; he drovein the weapon, and struck again and again in the fury of loathing."

(Fragmento extraído del cuento The Novel of the White Powder, escrita por Arthur Machen en 1895)

Pulpa III

"As the sailor looked in, the gigantic animal had seized Madame L'Espanaye by the hair, (which was loose, as she had been combing it), and was flourishing the razor about her face, in imitation of the motions of a barber. The daughter lay prostrate and motionless; she had swooned. The screams and struggles of the old lady (during which the hair was torn from her head) had the effect of changing the probably pacific purposes of the Ourang-Outang into those of wrath. With one determined sweep of its muscular arm it nearly severed her head from her body. The sight of blood inflamed its anger into phrenzy. Gnashing its teeth, and flashing fire from its eyes, it flew upon the body of the girl, and imbedded its fearful talons in her throat, retaining its grasp until she expired."

(Fragmento extraído de la novela The Murders of the Rue Morgue, escrita por Edgar Allan Poe en 1841)

Pulpa II

"Of Madame L'Espanaye no traces were here seen; but an unusual quantity of soot being observed in the fire-place, a search was made in the chimney, and (horrible to relate!) the; corpse of the daughter, head downward, was dragged therefrom; it having been thus forced up the narrow aperture for a considerable distance. The body was quite warm. Upon examining it, many excoriations were perceived, no doubt occasioned by the violence with which it had been thrust up and disengaged. Upon the face were many severe scratches, and, upon the throat, dark bruises, and deep indentations of finger nails, as if the deceased had been throttled to death.

"After a thorough investigation of every portion of the house, without farther discovery, the party made its way into a small paved yard in the rear of the building, where lay the corpse of the old lady, with her throat so entirely cut that, upon an attempt to raise her, the head fell off. The body, as well as the head, was fearfully mutilated—the former so much so as scarcely to retain any semblance of humanity.

"To this horrible mystery there is not as yet, we believe, the slightest clew."

(Fragmento extraído de la novela The Murders of the Rue Morgue, escrita por Edgar Allan Poe en 1841)

sábado, 16 de junio de 2007

Pulpa

"One morning in Chicago, as the gorilla and Alfred Jermyn were rehearsing an exceedingly clever boxing match, the former delivered a blow of more than the usual force, hurting both the body and the dignity of the amateur trainer. Of what followed, members of “The Greatest Show On Earth” do not like to speak. They did not expect to hear Sir Alfred Jermyn emit a shrill, inhuman scream, or to see him seize his clumsy antagonist with both hands, dash it to the floor of the cage, and bite fiendishly at its hairy throat. The gorilla was off its guard, but not for long, and before anything could be done by the regular trainer, the body which had belonged to a baronet was past recognition."

(Fragmento extraído del cuento Facts Concerning the Late Arthur Jermyn and His Family, escrito por Howard Phillips Lovecraft en 1920)

Vincent Price vs. Peter Cushing

Ah, Roger Corman. ¡Qué grande, qué grande! Las películas de Corman sí que eran películas que de verdad reambientaban en la pantalla del cine los cuentos de Poe en los que se inspiraban, ¿no? ¿Y Vincent Price? ¿Qué me decís de los papeles que interpretaba Vicent Price en aquellas películas? ¿Os acordáis de su acento educado en exceso y de la sonrisa afectada que dibujaban sus labios mientras su mirada perdida delataba el horror que se paseaba por sus pensamientos? Corman no podía haber escogido a nadie mejor que él para interpretar al bizarro Roderick Usher. ¿Os acordáis de la bata roja que Vincent Price viste, como Roderick Usher, en The fall of the House of Usher? Manierismo visual a tope. ¡Qué colores, qué colores! Como los colores que aparecen en las películas de la productora Hammer, pero mejorados.

Por cierto, y ya que hablo de las películas de la productora Hammer, mirad lo que os digo: las mejores películas de la Hammer son las películas en las que aparecen Peter Cushing y Christopher Lee. Peter Cushing es un actor mito. Como también lo es, por supuesto, Vincent Price. Pero para la mayoría de espectadores quizás Peter Cushing sea un mito mayor que Vincent Prince. No es que Vincent Price sea peor actor que Peter Cushing. No, no, no, ni muchísimo menos. Pero lo cierto es que Peter Cushing enriquece a sus personajes con un comportamiento y una presencia que son, además de totalmente ajenas a las maneras interpretativas y a los modos físicos de Vincent Price, digamos que más populares; son más tópicas, por decirlo de alguna manera; son más como lo que la mayoría de espectadores espera ver en el héroe de una película de terror. Pues aunque a Peter Cushing le falte la voz y la presencia física de las que rebosa Vincent Price, sus interpretaciones desbordan elasticidad y exceso físico; capacidades, por otra parte, de las que carece absolutamente Vincent Price, que es la quietud y el hieratismo. Y es esta vitalidad física lo que hace que sus personajes sean más terrenales y que, por lo tanto, gusten más. Y lo mismo podemos decir de los terrores a los que se enfrenta, pues al estar abordados por un héroe que no se deja llevar por el pensamiento sino por la acción son más creíbles. Y, claro, al ser más creíbles entonces gustan más. Porque en este mundo lo que más gusta es lo evidente y lo que puede ser real, más que lo que vive únicamente en lo fantástico. Lo que, en definitiva, puede tocarse directamente con la mano o, a lo sumo, está a la vuelta de la esquina para poder ser tocado.

Vincent Price es el resumen de lo que de íntimo hay en el horror; es el resumen del horror que surge del intelecto, del cerebro y de la teoría. Peter Cushing lo es, en cambio, de lo que de físico hay en el horror; es el resumen del horror que surge de la acción, del músculo y de la práctica. Y la práctica, ya sabéis, en este mundo gusta más que la teoría.


Figura 1 (iquierda): Peter Cushing en una imagen de la película de la productora Hammer, The curse of Frankenstein (1957).
Figura 2 (derecha): Vincent Price en una imagen de la película de la productora Liberty Pictures, The Bat (1959).

viernes, 15 de junio de 2007

Lovecraft y el cine

Mirad lo que os digo: casi todas las películas basadas en alguno de los cuentos de Lovecraft me parecen un bodrio indomable. Opino que con Lovecraft no pasa ni de lejos lo que sí que pasa con Poe. Pues con Lovecraft no hay ningún director que haya sentado canon como, en cambio, sí lo hizo Roger Corman con Poe.

Hay quien pensará que me estoy contradiciendo, porque existe una película de Roger Corman que se titula The Haunted Palace (1963) que está, presuntamente por el nombre de su protagonista (Charles Dexter Ward), basada en un cuento de Lovecraft titulado The Case of Charles Dexter Ward. Pero la verdad es que esta no es una película que yo considere una adaptación demasiado fiel de este cuento de Lovecraft. No, no, no, qué va. Ni por su ambientación, muy al estilo de las películas de Corman basadas en los cuentos de Poe. Ni por su argumento, pues la historia tiene que ver más bien de una manera un tanto oblicua con el cuento de Lovecraft. Además, el título de la película es el de un poema, titulado precisamente The Haunted Palace, que Poe pone en boca de Roderick Usher en el cuento The fall of the House of Usher. Es una película que mezcla, de una manera un tanto extraña, las imaginaciones góticas de Poe con las imaginaciones bizarras de Lovecraft.

Al principio ya he apuntado que cuando digo que las películas basadas en alguno de los cuentos de Lovecraft me parecen un bodrio indomable, me estoy refiriendo a casi todas pero no a todas. Pues bien cuando decía esto lo hacía pensando en una película en particular. Una película que, además de estar basada en un cuento de Lovecraft, me parece bastante meritoria. Me refiero a Re-animator (1985), dirigida por un tal Stuart Gordon y basada en un cuento de Lovecraft titulado: Herbert West - Reanimator. Opino que, además de ser una película digna de ser vista (meritoria, como decía), esta es la única película basada en algún cuento de Lovecraft que de verdad capta el ambiente que Lovecraft dio al cuento: locura, obsesión, enfermedad, pánico a la muerte, oscuridad del alma son algunos de los temas de los que habla el cuento; estos son, también, algunos de los temas de los que habla la película. Su protagonista principal, por supuesto el doctor Herbert West, está interpretado de manera insuperable por un tal Jeffrey Combs. Un actor, por otra parte, invisible para el cine tanto antes como después de protagonizar esta película mito.

Por cierto, y ya que hablamos de Re-animator, resulta que la acaban de reeditar en una edición de semilujo y con una plaga de extras. Opino que, después de que hayan pasado 22 años desde su estreno, es un buen momento para reverla. ¿No?


Figura 1: póster de la película The Haunted Palace (1963).
Figura 2: póster de la película Re-animator (1985).

jueves, 14 de junio de 2007

Y última vez y nunca más y olvido

Siempre que pienso en despedidas me acuerdo de un poema de Borges que me emociona en extremo. Se titula Límites, y lo escribió en 1960. Dejad que os copie las tres primeras estrofas:

De estas calles que ahondan el poniente,
una habrá (no sé cual) que he recorrido
ya por última vez, indiferente
y sin adivinarlo, sometido

a Quien prefija omnipotentes normas
y una secreta y rígida medida
a las sombras, los sueños y las formas
que destejen y tejen esta vida.

Si para todo hay término y hay tasa
y última vez y nunca más y olvido
¿quién nos dirá de quién, en esta casa,
sin saberlo, nos hemos despedido?

Adiós y que tengáis suerte en la vida

Ay, yo no sé por qué, pero esto de las despedidas no va conmigo. No me refiero a las despedidas que se cierran con un “hasta la próxima” o con un “nos vemos mañana”. Me refiero a las que sabes que son definitivas y que te van a separar para siempre de la persona de la que te despides. Es un momento cruel para el corazón, o al menos lo es para el mío, cuando a alguien con quien has compartido momentos importantes, y a sabiendas de que esos momentos ya no se van a poder vivir de nuevo, toca decirle: “adiós, que te vaya muy bien todo, y que tengas mucha suerte en la vida”.

Hoy he tenido que repetir frases parecidas en unas cuantas ocasiones. Porque hoy, después de acabar el último examen de la selectividad, seguramente he visto por última vez a algunos de los alumnos de bachillerato con los que he compartido uno o dos años de, casi literalmente, sangre, sudor, lágrimas y números. Mecachis, qué tristeza dejar de verles. Pero supongo que así es la vida, que es lo que toca, y que no puede ser de otra manera.

Así que supongo que, con el corazón encogido, no me queda más por decir que: “¡adiós, amigas y amigos, que os vaya muy bien todo, y que tengáis mucha suerte en la vida!”

miércoles, 13 de junio de 2007

Cuando me despierto de madrugada y las luces están apagadas

Uno de los momentos en los que me crece en el alma un miedo más hondo es cuando me levanto de madrugada para escribir o para leer frente a mi escritorio mientras sé que mi novia aun está durmiendo. Me explico. Resulta que el escritorio lo tengo encarado hacia una ventana que asoma a un patio interior típico del barrio de l’Eixample de Barcelona. De modo que cuando estoy sentado en él y además es de día, puedo gozar de una magnifica vista en la que se incluyen: los dos patios de un colegio; el ábside gigante, la planta y los dos campanarios de la basílica dedicada a Sant Josep Oriol; la ruta de los aviones que, bordeando la costa se dirigen, viniendo desde el norte o viniendo desde el mar, hacia el aeropuerto de el Prat; las antenas de televisión que hay en el tejado de la mayoría de las casas (me gusta fijarme en ellas porque estas antenas anclan mi imaginación en un mundo más de mecanismos antiguos y menos de chips y de computadoras), la colada que los vecinos de los edificios que hay frente al mío extienden en sus terrazas y en sus balcones (también me gusta fijarme en las coladas de los vecinos porque hacen que el mundo parezca más humano y más vivo); las, extrañamente, abundantes gaviotas que sobrevuelan en círculos los dos patios del colegio y el ábside y la planta de la basílica dedicada a Sant Josep Oriol. Y resulta lo mismo que la cama la tenemos detrás del escritorio, de manera que si me siento a escribir o a leer esta queda situada a mi espalda. Entre el escritorio y la cama, a modo de separación, hay una cortina espesa.

Si es de día no pasa nada, pues de día la luz, la vida y la alegría van de la mano y no hay nada que temer. Ni nadie a quien debamos vigilar. Pero si es de noche o de madrugada - que es cuando, como antes decía, me levanto para escribir o para leer - entonces, ah, entonces sí que pasa: porque es a esa hora cuando, por lo oscuro, la imaginación y el horror van de la mano. Pues es por lo oscuro de la noche que las torres que veo desde mi ventana se transforman en unas torres ominosas y horrorosas. Pues es por lo oscuro de la noche que los dos patios vacíos del colegio parece que están habitados por las almas desangeladas de niños espectro. Pues, y lo peor, es por lo oscuro, y por la cualidad que esta oscuridad otorga tanto a las torres y a los patios, transformando el efecto que ejercen en mi imaginación, como al hecho de que mi novia esté durmiendo a mi espalda, que me vienen del recuerdo las imágenes de algunas películas en las que aparecen mujeres pálidas y con las cuencas de los ojos vacías de ojos. Mujeres que intentan gritar con la boca muy abierta pero que al hacerlo no consiguen emitir sonido alguno. Mujeres que señalan con el dedo, que miran con la mirada perdida y sin poder ver lo que miran. Ay, y es entonces cuando me viene el miedo del que os hablaba al principio. Porque al recordar esas imágenes en las que aparecen mujeres espectrales y desalmadas pienso en mi novia y la imagino como si fuera una de ellas. E imagino que se levanta, y que mientras lo hace no soy capaz de oírla. Y que desplaza la cortina espesa que separa el escritorio de la cama y que, de nuevo, tampoco soy capaz de oírla. Y que posa una mano en mi hombro y que al girarme la veo con la boca abierta y con las cuencas de los ojos huecas de ojos. Y que mira hacia la ventana asomada a la oscuridad de la noche mientras, señalando con el dedo y con la boca muy abierta, grita en silencio. Uf. Sé que alguno pensará: pues vaya tontería tan grande es esta de tener miedo de su propia novia y, además, imaginarla como si fuera un espectro de ultratumba. Pero yo esto ya lo sé. Ya sé que es una tontería muy, muy grande imaginar a mi novia de esta manera horrorosa. Y sé lo mismo que, además, imaginar esto no tiene ningún sentido, pues mi novia es la luz, la alegría y la felicidad. Pero la verdad es que no puedo evitar que en mi imaginación, qué sé yo por qué motivo, crezcan estas imágenes.

Por otra parte, he de decir que imaginar cosas como las que os he explicado, hacer crecer dentro la realidad mundana este tipo de espejismos, no está del todo mal. Es decir: no está del todo mal enriquecer la realidad más pragmática con situaciones, o pensamientos, o imágenes que viven en la fantasía más absoluta. Yo, involuntariamente, lo he hecho desde que tengo uso de memoria y de razón, pues he de confesar que ya desde que era muy pequeño tenía la tendencia a confundir los sueños con la realidad. O, mejor: a mezclar los sueños y la realidad. Los mezclaba y hacía, de estos dos mundos separados, un solo mundo. Por ejemplo, durante una temporada creí que era del todo cierto que una noche había visto caminar en fila, uno tras otro y por el pasillo de mi casa, a una hilera de nosferatus; de nosferatus como el que aparece en la película Nosferatu de Murnau. O también, durante otra temporada, creí que era del todo cierto que desde la ventana del cuarto en el que jugaba con mi hermano había visto una hilera (otra vez una hilera) de objetos voladores raros, con forma de noria de feria, de disco luminoso o de camión, que volaban a lo lejos y muy lentamente, como exhibiéndose impudorosos ante todo aquel que los quisiera observar. Y hasta hubo una temporada durante la que creí que era cierto que había matado a una persona, no recuerdo a quien no por qué motivo, y que la había enterrado, plegado sobre sí mismo en mil dobleces, debajo de una baldosa del colegio en el que estudiaba (sí, sí, como lo oís, debajo de una baldosa al uso y enterrado en bajo el embaldosado del colegio; y los niños, mis amigos y todos los demás, correteando por encima de aquí para allá: bizarro, bizarro); y que temía que el director la descubriera y que me castigara con la pena de la cárcel o con penas aun mayores.

Obviamente, todo estas cosas de las que os he hablado no son más que irrealidades. Y que tanto los sueños del pasado como los horrores del presente son, en lo hondo, cualidades que el mundo no posee. Pero son cualidades que, al parecer muy reales en la imaginación, enriquecen el mundo con una característica que, aunque en realidad no tiene, en verdad lo hace más vivible. Me refiero a esa característica que posee el mundo para los niños. Y que lo convierte, para ellos, en fuente de alegría y de felicidad. Me refiero, claro, a la fantasía.

martes, 12 de junio de 2007

Heroes: inicio y final


Heroes, que en mi opinión es la mejor serie que se está haciendo actualmente para la televisión, introduce el primer capítulo de la primera temporada, titulado Genesis, de una manera absolutamente demoledora. En esta introducción, una voz en off plantea las bases y el ambiente de lo que va a ser la serie:

"Where does it come from? This quest... this need to solve life's mysteries for the simplest of questions can never be answered. Why are we here? What is the soul? Why do we dream? Perhaps we would be better off not looking at all. Not delving, not yearning. That's not human nature, not the human heart. That is not why we are here".

Estremecedor, ¿no? Pero no es menos estremecedor el final de este primer capítulo, en el que la misma voz en off concluye:

"This quest... this need to solve life's mysteries. In the end what does it matter when the human heart can only find meaning in the smallest of moments? They're here... among us... in the shadows, in the light, everywhere. Do they even know yet?"

La primera temporada de la serie acaba en el capítulo 23. Este capítulo, titulado How to stop a exploding man, tiene un inicio y un final que es como mínimo igual de demoledor que el inicio y el final del primer capítulo. De este modo la primera temporada acaba como si de una serpiente uróboros se tratara: de la misma manera que empezó. La misma voz en off que narra la introducción del primer capítulo, narra también la introducción del último. Estremecedora de nuevo, dice:

"Where does it come from, this quest? This need to solve life's mysteries when the simplest of questions can never be answered? Why are we here? What is the soul? Why do we dream? Perhaps we'd be better off not looking at all. Not delving, not yearning. But that's not human nature. Not the human heart. That is not why we are here. Yet still we struggle to make a difference, to change the world, to dream of hope, never knowing for certain who we will meet along the way. Who among the world of strangers will hold our hand, touch our hearts, and share the pain and triumph?"

Y otra vez la misma voz concluye la primera temporada a modo de broche final:

"We dream of hope, we dream of change, of fire, of love, of death. And then it happens; the dream becomes real, and the answer to this quest, this need to solve life's mysteries finally shows itself like the glowing light of the new dawn. So much struggle for meaning, for purpose. And in the end, we find it only in each other. Our shared experience of the fantastic and the mundane. The simple human need to find a kindred. To connect. And to know in our hearts... that we are not alone".

¿No os parece que, por lo que esta voz dice en off en el inicio y en el final del primer y del último capítulo, esta serie se sumerge en lo más hondo de lo que es en verdad el hombre? ¿No os parece que esta serie trata sobre el alma misma del hombre?




Figura 1: imagen promocional de Heroes.
Figura 2: figura de la serpiente Uróboros extraída de un manuscrito griego guardado en la biblioteca Narodowa de París.

lunes, 11 de junio de 2007

El orden del mundo

Una de las cosas que me parecen más curiosas y meditables en el hombre (y cuando hablo del hombre me estoy refiriendo, por supuesto, al hombre y a la mujer por igual y sin distinción alguna entre géneros) es el gusto que tiene por lo ordenado. Por lo geométrico. Por lo que tiene una pauta reconocible, quiero decir.

Por ejemplo, en la antigua Grecia era canon el construir las plantas y las fachadas de los edificios importantes, como por ejemplo el Partenón, siguiendo una relación geométrica conocida como proporción áurea, que daba lugar a un rectángulo conocido como rectángulo áureo (resulta que un rectángulo AMNC es áureo cuando la proporción entre los lados AM y AC están en proporción áurea; es decir, cuando AM/AC = 1'618033988749894848204586834365638117720309179805... que, por otra parte, es lo que mide el lado AM de la figura, al estar considerando la longitud del lado AC como de 1 unidad; a esta proporción entre los lados, además de conocérsela como número de oro o proporción áurea, se la conoce con otros nombres, el más lustroso de los cuales es el de: la Divina Proporción). Resulta que este ilustre rectángulo aparece, además de en la proporción que hay entre la altura de las columnas y la de las esculturas que hay en el entablamiento del Partenón (el entablamiento es el conjunto de piezas que gravitan inmediantamente sobre las columnas en la arquitectura arquitrabada, siendo el arquitrabe el elemento arquitectónico que sirve de dintel y que transmite el peso de la cubierta del edificio a las columnas), también en otros muchos lugares creados por la naturaleza o por el hombre. Por ejemplo, aparece en las proporciones de las facciones de la Gioconda de Leonardo da Vinci. O en la relación de las estructuras formales de las sonatas de Mozart (lo mismo que en la Quinta Sinfonía de Beethoven y en algunas obras de Schubert y Debussy). O en la relación que hay entre la altura media de un ser humano y la altura media de su ombligo (o también entre la de la cadera y la de la rodilla). O en el límite del conjunto de las fracciones que se definen a partir de un término, en el numerador, y de su anterior término, en el denominador, en la sucesión de Fibonacci (famosa, entre otras cosas, por aparecer en el famosísimo libro de Dan Brown: The Da Vinci Code).

Pero cuando al principio hablaba de lo ordenado y de las pautas que someten al gusto del ser humano por encima del desorden y del caos, no me refería únicamente a la proporción áurea. Me refería al orden que el hombre define en el arte en general. Al orden que aparece en la pintura, en la escultura, en la música, en la literatura, en las matemáticas. A ese orden que indujo a los antiguos a suponer que en el Cosmos hay un mecanismo perfecto que lo determina y que lo mueve. Y que, andando el tiempo, empujó al hombre a crear dioses, y religiones, y ciencia, y arte; para intentar explicar su esencia o, al menos, para intentar aproximarse a ella. Pienso en Aristóteles, y en Pitágoras, y en Arquímedes. Pero pienso también en Bach y en su música ordenada y compuesta siguiendo rígidas pautas matemáticas. O en Miguel Ángel y en sus cuadros y esculturas de perspectivas y proporciones perfectas. O en Galileo y su famosa frase: “las matemáticas son el alfabeto con el cual Dios ha escrito el Universo”. O en las pautas geométricas de los mosaicos de la Alhambra de Granada. O en Dante y en su Commedia, con sus versos de ritmo y medidas exactas. Y pienso lo mismo en las críticas que la falta de hábito hizo que recibieran, al menos por parte del público, algunos de los modernos exploradores del arte explorado sin pauta ni patrón. Hablo, claro, de Bartok, de Kandinsky, de Picasso, de Schonberg, de Joyce.

Hay, en todo esto dos preguntas dignas de ser sopesadas. La primera: ¿por qué el hombre apetece de pautas ordenadas en las creaciones con las que se expresa? Y la segunda: ¿cómo es posible que en la naturaleza, y en el hombre mismo, aparezcan algunas de esas pautas ordenadas que, en principio, el hombre ha definido mediante la fatiga de su intelecto? Aventuro una explicación borrosa que, dibuja, quizás, una posible respuesta: el hombre, configurado en su esencia mediante el orden y el concierto, ha de crear necesariamente, precisamente por este orden y por este concierto mediante el que ha sido creado, a la manera de un geómetra.

Se preguntaba Einstein: ¿juega Dios a los dados? Simétricamente, yo pregunto: ¿ha creado Dios una raza de geómetras?

Como decía al principio: meditable, ¿no?


Figura 1: ejemplo de rectángulo áureo.

La geometría de los cuasicristales

“Los artistas islámicos medievales llegaron a diseñar cuasicristales casi perfectos, un complejo patrón geométrico que descubrió –o más bien redescubrió, según lo que se cuenta a continuación– el físico y matemático Roger Penrose en el decenio de 1970. Meter J. Lu, físico, estudiante de doctorado en Harvard, vio en Uzbekitán teselados con características que parecían propias de cuasicristales. Un examen de numerosas fotografías de Irán, Irak, Turquía y Afganistán le condujo, con la colaboración del cosmólogo y experto en cuasicristales Paul J. Steinhardt, de Princeton, a descubrir que a partir de 1200 se construyeron en esa zona mosaicos arquitectónicos –girih– mediante la combinación de cinco tipos de tesela: pajarita, pentágono, diamante, hexágono alongado y decágono. El nuevo método permitió concebir patrones periódicos más complicados. En el santuario Darb-i-Imam, o santuario de los imanes, del siglo XV, en la ciudad iraní de Ispahán, el teselado es traslacionalmente cuasiperiódico: las frecuencias con que aparecen los distintos tipos de teselas no forman entre sí cocientes de números enteros. Esta ordenación permite simetrías rotacionales prohibidas cristalográficamente. Y estas son, precisamente, las características que definen un cuasicristal.” (nota escrita por J.R. Minkel, y aparecida en el número de junio de 2007 de la revista Investigación y Ciencia).


Figuras 1 y 2: mosaicos de la Alhambra de Granada.