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viernes, 13 de julio de 2007

Watchmen, capítulo II: Absent friends

And I'm up while the dawn is breaking
Even though my heart is aching
I should be drinking a toast to absent friends
Instead of these comedians.

Estos son los versos con los que acaba el segundo capítulo de la serie Watchmen: Absent friends. Estos versos pertenecen a una canción, The comedians, que Elvis Costello compuso para su disco que publicó en 1984: Goodbye cruel world. Estaréis de acuerdo conmigo si digo que, dado el título del capítulo y las palabras con las que estan escritos estos versos, son adecuadísimos para darle cierre.

Ocurre que en ocasiones hacemos cosas que van contra nuestro corazón. Y que nos vemos en situaciones y en estaciones de la vida en las que nunca hubiéramos querido estar; o, al menos, que nunca hubiéramos planificado para nosotros. Pero es que la vida se conduce por caminos muy raros. Y estos caminos se bifurcan muy a menudo, y nos dicen: escoge; y no siempre sabemos escoger la continuación adecuada al camino por el que veníamos; por el camino que nos construía. Y entonces, al continuar por ese camino mal escogido, nos perdemos y acabamos en parajes en los que nada se dibuja como esperábamos. Me he equivocado, pensamos entonces. Pero, ay, la vida no revierte su sentido, ni hay dobles oportunidades. El tiempo es intocable, y la bifurcación, pasada está; y el momento en el que escogimos mal, se asienta como parte de nuestra historia, para siempre. Es desde ese lugar incómodo es desde donde debemos partir, sin descanso, para continuar andando nuestro camino. Para continuar con nuestra vida.

Sí, en ocasiones nos vemos en situaciones y en estaciones de la vida en las que nunca hubiéramos querido estar. Pero ahí es donde nos encontramos; aunque desazonados, descorazonados, tristes y sin remedio alguno que sea capaz de curar esa tristeza, ahí es donde nos encontramos. Y, a sabiendas de que no hay remedio, crece en nosotros una necesidad, compleja, de adaptarse a lo que tenemos, aunque sea a la contra de lo que siente nuestro corazón. Y nos decimos: he de vivir; he de vivir como sea; he de vivir a toda costa. Y aunque nos encontremos alejadísimos del centro de nuestros corazones, y nuestra alma se sienta, en lo habitual, como en un país extraño y en el bullicio de las risas, sola, brindamos y reímos. Y lo hacemos como todos los demás, a sabiendas de que también viven el mismo desamparo que nosotros; y que, como nosotros, lo viven en silencio.

Pero, aun brindando, no podemos dejar de llorar sin lágrimas por todo aquello que hubiéramos querido ser y no somos; por todo aquello que hubiéramos querido vivir y no hemos vivido; por las oportunidades perdidas e irrecuperables. No podemos dejar de llorar por, en definitiva, no estar donde hubiéramos querido estar: en el centro de nuestros corazónes.

lunes, 9 de julio de 2007

Watchmen, capítulo I: At midnight, all the agents...

Desde hoy, y durante una temporada de la que aún no conozco el fin, voy a ir copiando y comentando las citas que cierran el final de cada uno de los capítulos de la serie de cómics Watchmen. Entre estas citas no existe patrón aparente: aparecen entre ellas versos de canciones de Elvis Costello y de John Cale, lo mismo que extractos de La Biblia y citas de Nietzsche y de Einstein. Eso sí cada una de ellas guarda relación, estrecha u oblicua, con el capítulo al que dan cerrojo, enriqueciéndolo de significados laterales; y son además, e independientemente del capítulo, hondas y meditables por sí mismas. Como lo son los versos de los poetas rey en la historia de la poesía.

El primer capítulo se titula At midnight, all the agents… La cita que lo acaba es, en este caso, una serie de cuatro versos extraídos de una canción de Bob Dylan titulada Desolation Row. Estos versos, que empiezan precisamente con las palabras que dan título al capítulo, dicen así:

At midnight all the agents
And the superhuman crew
Come out and round up everyone
That knows more than they do.

(En la edición traducida al castellano, y publicada por Norma Editorial, estos versos dicen:
A medianoche todos los agentes
Y seres sobrenaturales
Salen y ajustan cuentas con quienes
Saben más que ellos.)

Es interesante, o al menos a mí así me lo parece, pensar en dos imágenes que rara vez se utilizan de manera yuxtapuesta, y que en estos versos así se utilizan: la primera a la que me refiero es la provocada por la expresión “agents and the superhuman crew”, y la segunda es la provocada por “everyone that knoes more than they do.” Digo que rara vez se utilizan de esta manera porque lo común es que esos agentes y seres sobrenaturales de los que habla la primera expresión, y que crecen oscuros y terribles en nuestra imaginación cuando leemos estas palabras, han de ser superiores, en fuerza y en intelecto, a los comunes (o sea, nosotros) con los que han de compartir el mundo; y que no les ha de hacer falta ajustar cuentas con estos comunes pues su superioridad hace innecesaria la contienda con ellos. No puede haber contienda y, por lo tanto, no puede haber revancha ni ajuste de cuentas que saldar. Sin embargo, de estos versos no se supone que estos sobrenaturales han de ser necesariamente superiores a todos los hombres; ni que están libres de dolor. Al contrario, se les supone temerosos de aquellos que, aun siendo hombres, pueden quebrarlos.

¿Temía el monstruo alienígena que aparece en Alien a alguno de los tripulantes de la nave Nostromo? ¿Temía el férrico Superman al calvo Lex Luthor? ¿Temía el Conde D. a los londinenses con los que quería hacer festín? Decir que tememos aquello que conocemos temible, es decir una tautología recta y meridiana; y, en apariencia, es no afirmar nada. Pero si pensamos en cuando éramos pequeños de cuerpo y de recuerdos, pero anchos, anchísimos, en imaginación, nos daremos cuenta de que el libro en el que estaba escrito todo lo que temíamos tenía muchas menos páginas de las que tiene ahora ese mismo libro. El conocimiento del mundo, que necesariamente ampliamos al acumular años a nuestro calendario personal, ensanchece los temores que, razonables o no, oscurecen nuestra vida. Acumula páginas en el libro en el que están escritos nuestros temores.

Si pienso en lo que os he escrito más arriba se me ocurre una pregunta: ¿son los agentes y los seres de los que habla la canción de Bob Dylan los que un día se creyeron los amos de los hombres pero que, al andar el tiempo y, por lo tanto, al hacerse mayores, se han dado cuenta de que al hombre también hay que temerlo? Es decir, ¿ha crecido en los héroes, en los villanos, en los seres del mal que antaño deambulaban a sus anchas, miedos a los que novedosamente temer, siendo el peor y más grande de estos miedos el mismísimo hombre? Es decir, de nuevo: ¿se han dado cuenta estos seres de que el hombre, siendo un lobo para sí mismo (tal y como afirmaba el filósofo inglés Thomas Hobbes en su tratado sobre el hombre, la sociedad y el gobierno, titulado Leviathan y publicado en 1651), se ha convertido también en un lobo para ellos mismos?

Si los sobrenaturales han decidido que hay que temer al hombre, entonces quizas eso signifique que se han hecho mayores; que han añadido páginas al libro en que se cifran sus miedos. O, peor, significa que al Hombre le ha crecido la oscuridad en el alma; una oscuridad a la que los mismísmos seres que habitan en el margen temen.

“Homo homini lupus.” Ah, quizás sí, quizás sí.

sábado, 7 de julio de 2007

Superman y los otros III: Sansón, Aquiles y Sigfrido

La película Unbreakable (traducida al español como El protegido), dirigida por Night Shyamalan y estrenada en el 2000, postula la teoría de que aquello que atañe a lo profundo y a lo simbólico en el hombre no ha cambiado desde las viejas edades. En el principio los poetas de los tiempos antiguos crearon mitos con los que simbolizaron la lucha más profunda y más primaria: la lucha entre Bien y el Mal. Hoy esa contienda continúa. Y lo mismo que los poetas de los tiempos antiguos, hoy los poetas de los tiempos nuevos continúan simbolizándola. Porque en lo hondo, en lo más primordial, el corazón del hombre continúa siendo el mismo.

¿Qué hay en un héroe que lo hace cercano a los hombres? ¿Qué hay en él que lo convierte en un referente al que imitar? A los dioses se les adora, se les teme, se les honra mediante el sacrificio para que la sonrisa que dirigen hacia nosotros no se torne en ira y plagas. Pero la grandeza fría e irascible de los dioses los aleja del corazón del hombre, y tornándolos pálidos y borrosos a su visión. El hombre no es capaz de amar lo lejano: ama a quien puede tocar y a quien es como él; y ama, también, a quien puede considerar como un referente al que intentar imitar. Un dios, por lejano y por inimitable, no podrá ser nunca amado. Lo mismo que tampoco podrá ser el referente de ningún hombre. Pero, ¿qué pasa con los héroes?

Si Superman no se acabara ante la presencia de kriptonita, entonces sería indestructible. Dejaría de ser vulnerable y eso le convertiría en un dios. Y al hacerlo, se alejaría de nosotros: los niños no se disfrazarían como él, las mujeres no caerían rendidas de amor a sus pies. Pues, ¿qué niño quiere disfrazarse como Zeus? O ¿qué mujer querría tener como amante a Poseidón? O ¿quién, en definitiva, quiere ser, o tener al lado, como amante, a un dios? Pero no es un dios: Superman es vulnerable. Entonces, ¿es esta vulnerabilidad la cualidad que ha de poseer un héroe para acercarse a los hombres?

En el libro de los Jueces, del Antiguo Testamento, se habla de la historia de Sansón. Nacido en Zora durante el siglo XI a.C., un ángel se le apareció a su madre, la estéril mujer de Manoa, de la tribu de Dan, estando embarazada y le proclamó que no debía beber bebidas alcohólicas ni comer comidas impuras pues de su seno nacería el que había de liberar a los israelitas de los opresores filisteos. Sansón, después de nacer, se consagró enteramente a Dios. Y como símbolo y recuerdo de esa consagración, que le haría invulnerable y, por lo tanto, el salvador del pueblo de Israel, había de renunciar a cortarse el pelo. Pero andó el tiempo y resultó que Sansón se enamoró de Dalila y que esta, a cambio de plata filistea, vendió a su enamorado desvelando el secreto de su fuerza. Así, sus enemigos le cortaron el pelo, por lo que Dios entendió que se había roto el pacto y entonces le borró la fuerza. Los filisteos, no le mataron pero le vaciaron las cuencas de los ojos y le hicieron esclavo y moledor de grano. Sansón, héroe, fue vulnerable.

En La Aquileida, poema escrito por Estacio en el siglo I e inspirado por las antiguas leyendas griegas en torno al heroico Aquiles, se dice que Tetis, su madre ninfa, le bañó en el río Estigia, que delimitaba la frontera del mundo de los vivos con el mundo de los muertos, para hacerle inmortal. Pero ocurrió que Tetis olvidó sumergir en el río el talón por el que sujetaba a su hijo cuando hacía lo propio con el resto del cuerpo. Por ese lugar Aquiles recibió a la muerte. Aquiles, héroe, fue vulnerable.

El Cantar de los Nibelungos, basada en una obra anterior titulada La Saga Volsunga o Saga de los Volsungos, es un poema medieval anónimo escrito en el siglo XIII que narra las gestas de Sigfrido (llamado Sigurd en La Saga Volsunga). Sigfrido, después de matar al custodio del tesoro de los Nibelungos, el horroroso dragón Fafner, se bañó con su sangre pues era fama que eso podía convertir en invulnerable a quien lo hiciera. Pero la mala fortuna hizo que mientras se bañaba una hoja de tilo se le pegara en la espalda a la altura del corazón. Y que, por lo tanto, ese lugar no fuera bañado por la sangre del dragón. Por ese lugar Sansón recibió a la muerte. Sigfrido, héroe, fue vulnerable.

Sansón, Aquiles, Sigfrido, Supermán… y hasta, en cierto modo, Jesucristo. Fueron héroes en el tiempo de los hombres antiguos, y lo son todavía en nuestro tiempo. Todos ellos tienen un denominador común: su vulnerabilidad a las artimañas del enemigo y de lo malo. Y es por esta vulnerabilidad que todos ellos son modelos a los que mirar. Por su valentía, por su hombría, por su honradez, por su energía. Por mirar de frente al horror. Por ser, en definitiva, lo que todos quisiéramos ser.

¿Os acordáis cuando en Unbreakable Joseph Dunn (Spencer Treat Clark), el hijo de David Dunn (Bruce Willis), mira alucinadísimo a su padre cuando este empieza a añadir pesos y más pesos en la barra de halterofilia con la que se entrena para demostrar a su hijo y a él mismo que su fuerza es colosal y que realmente es un superhéroe? A mí me da que en ese momento lo que el niño piensa, vencido por la admiración, la reverencia y el amor de hijo, debe ser algo parecido a: mi padre, al que el tiempo envejece y que un día morirá, es un superhéroe; yo quiero ser como él. ¿No?

domingo, 1 de julio de 2007

Superman y los otros II: Heracles

Superman es, por su fuerza colosal y sobrehumana, un par del Heracles griego.

Heracles fue un héroe de carácter divino, pues fue el hijo del dios Zeus (hijo de Cronos y de Rhea, fue el dios de los cielos y del trueno, el soberano del monte Olimpo y el más grande de todos los dioses griegos) y de la mortal Alcmene (hija de Electryon, rey de Micenas e hijo de Perseo y de Andrómeda, y de Anaxo, hermana de Amphitryon). Luchó contra los dioses y los espíritus que habitaban el inframundo griego y contra las fuerzas y los seres malignos de otros tiempos (entre los que se encuentran Gerión, el monstruo gigante alado de seis brazos y tres cabezas, Cerbero, el perro de tres cabezas guardián de la puerta de Hades, la reina amazona Hipólita, y la Hidra de Lerna, el monstruo acuático y horroroso con forma de serpiente multicéfala y aliento venenoso) y, además, por haber salido victorioso de ello, fue considerado como el benefactor y protector de la humanidad: dejó el mundo listo, y a salvo de peligros, para que pudiera ser habitado por el Hombre. Heracles se caracterizó por su fuerza, por su coraje y por su ingenuidad, lo mismo que por su capacidad sexual tanto con las mujeres como con los hombres.

Superman se caracteriza casi por los mismos atributos por los que se caracteriza Heracles. Hablo, por supuesto, del Superman visible y no del Superman escondido detrás del disfraz llamado Clark Kent (porque, claro, si pensamos en Clark Kent entonces pensamos en alguien que, por su comportamiento y por manera de ser, es totalmente simétrico a Heracles y, de hecho, a la mayoría de los héroes y de los superhéroes al uso). Y digo que casi se caracteriza por los mimos atributos porque hay una diferencia: la que se refiere a la capacidad sexual. Superman no usa las maneras promiscuas que, en cambio, sí usó Heracles.

Las maneras promiscuas de Heracles fueron vastas y, en muchas ocasiones, fructíferas.

Heracles tuvo numerosísimas amantes, con las que tuvo numerosísimos hijos. Estos fueron conocidos, en conjunto, como los heraclidas, de los que muchos de los caudillos de la antigua Grecia, para prestigiar su dinastía, se consideraban descendientes. Y, además, tuvo tres mujeres. La primera fue Mégara, con la que tuvo varios hijos, a los que asesinó junto con su mujer en un ataque de locura provocado por Hera, la mujer de su padre, Zeus; este fue el motivo por el que la sibila del oráculo de Delfos le obligó a purgar la culpa por lo que había hecho realizando sus famosísimos doce trabajos. La segunda fue Ónfale, hija de Iardanos, y esposa de Tmolos, rey de Lidia, reino situado en Asia Menor; Heracles, según una de las múltiples versiones que narran la historia de los encuentros que tuvo con Ónfale, se queda prendado de ella al visitarla en su palacio real durante uno de los viajes que tuvo que realizar para cumplir los doce trabajos que le habían sido asignados; posteriormente se casó con ella, y tuvo como descendiente a Agesilas. Y la tercera fue Deyanira, hija de Altea y Oineo, rey de Calidón; aunque su padre la prometió en matrimonio al horroroso dios Aqueloo, el dios más antiguo y poderoso de Grecia y señor del río del mismo nombre, Heracles luchó con él por la mano de Deyanira, y le derrotó; fue Deyanira quien, engañada por el centauro Neso (que había intentado violarla y a quien Heracles asesinó con una flecha envenenada), mató a Heracles sin quererlo: untó en la túnica de Heracles la sangre del corazón del centauro creyendo, por lo que antes de morir le había dicho este, que de este modo podría recuperar el amor de su marido, al que sospechaba en brazos de Iole, la hija de Eurytus; pero la sangre del corazón del centauro quemó, hasta casi la muerte, la piel de Heracles a lo que este, agonizando por el dolor de las quemaduras, decidió quitarse la vida en una pira; Deyanira, al darse cuenta de su error, eligió el suicidio y se ahorcó.

Y tuvo, también, numerosísimos amantes masculinos. Entre ellos merece la pena rememorar a tres. El primero, Adonis, fue un dios de origen fenicio y caracterizado por ser eternamente joven, cosa que simbolizaba la muerte y la renovación anual de la vegetación. El segundo, Filoctetes, fue a quien Hércules entregó su arco y sus flechas. Y el tercero, Néstor, fue el mítico rey de Pilos y uno de los argonautas, antes de que se convirtiera en uno de los personajes principales de La Ilíada y de La Odisea.

Pero Superman no hizo, ni quiso hacer, lo mismo que Heracles. Superman optó por entregar su amor a una sola mujer: Lois Lane, la periodista del Daily Planet. Porque Superman, tal y como apuntaba el domingo pasado, es un héroe crístico. Y, por lo tanto, ha de ser necesariamente un héroe monógamo. Porque, ¿os imagináis que, después de bajar de un árbol el gatito de un niña llorona, después de atrapar a un ladrón que escala edificios de vidrio con ventosas en las manos y en las rodillas, después de evitar que a una viejecita le roben el bolso unos carteristas con barba de tres días, imagináis, repito, que después de todo esto Superman se fuera a tomar unas copas a un bar en el que hubieran mucho humo y muchas chicas en bikini o, peor, en topless? Uy, uy, uy, eso sería muy raro e iría a la contra de lo todos esperamos de él, ¿no? Porque yo no sé vosotros, pero yo de Superman lo que espero es seriedad, circunspección, casi celibato y muchísima bondad y preocupación por el mundo. Casi lo mismo que espero de un monje conventual, vamos. Y, esperando todo esto, ver a Superman en un bar con humo y chicas, sabiéndolo enamorado de Lois Lane, sería, para el espectador y para mí, el descubrimiento de un doblez en su personalidad que iría a la contra con su manera de ser y de actuar en el mundo. Sería la prueba de que Superman nos ha estado engañando todo el tiempo, y de que no está a favor de todo lo que es bueno en el mundo. Quizás le convertiría en un héroe más parecido a los que había en el mundo antiguo, con sus debilidades y sus penas. Un héroe más parecido a Heracles. Pero dejaría de ser, definitivamente, el héroe popular e icónico que ha sido durante el siglo XX. Y, sobre todo, dejaría de ser ese héroe que se parece tanto a Cristo y que, precisamente por este motivo, gusta tanto a los hombres y mujeres de bien.

A mi madre un Superman así no le gustaría. Le parecería repulsivo.

sábado, 30 de junio de 2007

Superman y los otros: Gilgamesh

Superman, además de ser la figura crística y mesiánica de la que hablaba el domingo pasado, copia las características y las bondades de algunos mitos, héroes y dioses del mundo antiguo. Por ejemplo, copia las características y las bondades de Gilgamesh: igual que el Gilgamesh sumerio, Superman es, en parte, un inmortal (y, por lo tanto, similar a un dios) y, en parte, un mortal (y, por lo tanto, similar a un humano).

El Gilgamesh sumerio fue el quinto rey de Uruk, ciudad que estuvo situada al este de lo que hoy es la cuenca del río Eufrates, que fue primero la antigua capital de Sumeria y después la de Babilonia. Nacido, en algún momento situado entre el año 2700 antes de Cristo y el año 2600 antes de Cristo, de Lugalbanda, el tercer rey de Uruk, y, según la épica que se narra en el Poema de Gilgamesh, de la diosa Ninsun, fue descrito como un personaje cuya condición conjugó, a la vez, dos condiciones dispares: la de dios, por una parte, y la de hombre, por otra. Pues se dijo de Gilgamesh que fue dos terceras partes de dios y una tercera parte hombre. Entonces, así fue que, por esta condición divina, fue considerado en lo antiguo como alguien superior a los hombres; fue, en definitiva, uno de los primeros personajes con carácter de superhombre que aparece en la historia. A Gilgamesh se le trató como un semidiós y, además, es fama que fue conocido por su extraordinaria fuerza. Por debajo de lo divino, y si hablamos más prosaicamente, también fue rememorado por haber construido una gran muralla en torno a la ciudad que regentaba, para defendiera a sus habitantes de las amenazas de los enemigos exteriores.

El poema titulado Poema de Gilgamesh narra la relación entre Gilgamesh y su amigo Enkidu, con quien emprende peligrosas búsquedas y aventuras. Las aventuras que los dos corren para matar al gigante Humbaba, el descenso a los infiernos y la relaciónes que en el poema aparecen entre dioses y semidioses, hacen de él un claro antecedente de los poemas helenísticos. Muchos de sus estudiosos consideran que el tema central del poema es la inmortalidad y la relación que esta guarda con la mortalidad, ya que está centrado en los sentimientos de pérdida y de dolor que experimenta Gilgamesh tras la muerte de su amigo Enkido.

El poema se escribió sobre tabillas de arcilla y se utilizó para ello escritura cuneiforme. En una de las tablillas en las que está escrito en poema hay una narración que anticipa el episodio del Diluvio universal que aparece en La Biblia.

En la columna I de la tablilla X aparecen los siguientes versos:

¿A dónde vas, Gilgamesh?
La vida que tú buscas
Nunca la encontrarás.

En eso basó su vida Gilgamesh: en la búsqueda. En la búsqueda incesable. En la búsqueda constante del significado de lo que es la vida, de lo que es la muerte y de lo que es el destino. Y en la búsqueda del sentido que, sabiendo que hay muerte, dolor y olvido, esta tiene. Estos versos dichos a Gigamesh, y leídos a la manera de los coros de las tragedias griegas posteriores, son, no lo negaréis, estremecedores.

viernes, 29 de junio de 2007

Watchmen III: Los Crimebusters II: Doctor Manhattan, segundo Espectro de Seda y segundo Búho Nocturno

Y hoy, por fin, los tres últimos componentes de Los Crimebusters.

El Doctor Manhattan fue un científico que, después de tener un terrible accidente en un laboratorio en el que él trabajaba, y en el que se jugaba con la esencia del material con el que está compuesto el Cosmos, se convirtió en un ser que, aunque su morfología indicara que algo tenía que ver con el hombre, en el fondo no era humano. El verdadero nombre del Doctor Manhattan fue Jon Osterman, y fue el único personaje de la serie Watchmen que tuvo poderes que estuvieron más allá de las posibilidades del hombre común (salvo si consideramos, quizás, a aquellos personajes de los que se insinúa que tienen habilidades psíquicas). A lo largo de la serie fue abstrayéndose del hombre, y fue aumentando su indiferencia hacia todo lo que es humano y hacia toda la humanidad en general. Y, andando el tiempo, fue, además, renegando de cualquier interés que pudiera haber tenido anteriormente por los asuntos de los hombres, rechazando a su vez toda noción que tuviera algo que ver con la moral y la ética humana (por ejemplo, y hablando de algo en lo hondo muy trivial, decidió que había de dejar de vestirse). Una de las habilidades que tuvo fue la de poder ver el mundo desde fuera del tiempo que rige para los hombres y para el cosmos en general. Esto, al poder ver de un sólo vistazo toda la historia o dos momentos de la historia distanciados en el tiempo, fue lo que le orientó hacia el determinismo (posición filosófica para la cual todo evento -incluyendo el conocimiento y el comportamiento humano-, toda decisión y toda acción, está causalmente determinada por una cadena ininterrumpida de sucesos anteriores; hay, en cada instante, exactamente un único futuro físicamente posible). Poco a poco, y conforme fue avanzando la serie, se fue identificando al Doctor Manhattan como una figura de carácter cuasidivino o divino: después de morir y resucitar, Osterman ganó una especie de conocimiento omnisciente y de unos poderes casi omnipotentes: proféticamente, en su escena final caminó sobre el agua y se marchó a algún lugar desconocido con el objetivo de crear, a la manera de los dioses de las tradiciones antiguas, vida humana. Pero aun teniendo poderes divinos, la verdad es que en cierto sentido también tuvo tantos defectos y fue tan humano como el resto de los humanos. Especialmente difíciles fueron las relaciones que mantuvo con los que le rodearon, pues El Doctor Manhattan personificó y mantuvo un concepto con el que, aunque filosóficamente nada novedoso, se hace dificil convivir: el que postula que el intelecto está por encima de las emociones. Por su actitud distante y por su filosofía algo nihilista, fue vilipendiado por muchos de los personajes de la serie. Pero en lo hondo fue un incomprendido, pues sus acciones estuvieron mucho más allá del bien y del mal, y por lo tanto más allá de lo juzgable por los hombres. En este sentido, el Doctor Manhattan representó a algo parecido al superhombre nietzscheniano; en contraposición a, quizás, lo que representó Rorschach, cuyas acciones estuvieron completamente definidas por los conceptos conocidos de bien y mal.

El segundo Espectro de Seda fue un héroe (o más bien una heroina) a regañadientes. De nombre Laurel (Laurie) Juspeczyk, fue presionada por su madre, el primer Espectro de Seda (una exitosa luchadora contra el crimen antes del nacimiento de Laurie), para que se convirtiera, lo mismo que ella en el pasado, en otra luchadora contra el crimen. Empezó una relación amorosa con el Doctor Manhattan, aunque a lo largo de la serie fue sintiéndose cada vez más a disgusto con la indiferencia que Osterman mostraba hacia la humanidad y hacia ella. Por este motivo Laurie y Manhattan acabaron separándose, hecho que hizo que él abandonara la Tierra. Laurie jugó un papel primordial cuando hubo que hacer entender al Doctor Manhattan que el valor de la vida humana no era un valor trivial, ni tampoco un valor con el que se pudiera jugar inconscientemente. También estuvo relacionada amorosamente con Dan Dreiberg, el segundo Búho Nocturno.

El segundo Búho Nocturno, cuyo verdadero nombre, como decía antes, fue Dan Dreiberg, manifestó un fuerte interés por la ornitología, lo que hizo explícito en alguno de sus inventos, al relacionarlos de un modo u otro con algo que tuviera que ver con las aves. Algo solitario, se le separó de sus padres desde muy pequeño, y luchó durante toda su vida por encontrarle un propósito y un sentido a esta. Y fue esta lucha lo que hizo atractiva, para él, la idea de convertirse en un luchador enmascarado que combatiera el crimen. Dreiberg admitió admirar las proezas del primer Búho Nocturno. Y admitió lo mismo estar influido de manera algo pueril por dos conceptos a los que trataba de un modo infantil: el de nobleza y el de aventura. Sin embargo, no tuvo un propósito firme en sus actuaciones -como, en cambio, sí lo tuvo Rorschach- por lo que fue bastante dependiente de los demás, confiando a menudo en que los otros le dijeran lo que hacer antes que en seguir sus propios deseos y propósitos. Dreiberg fue, de todos los héroes enmascarados que lucharon contra el mal, el que más representó al hombre de la calle; el que más representó a ese ser pragmático, a ese ser conducido por el ir y venir de los valores éticos, que es el hombre. Fue el que más representó a ese buscador del bien definitivo y abstracto, aunque desconocedor de cómo encontrarlo; a ese ser absurdo y desapegado de los grandes conceptos, aunque dispuesto a comprometerse hasta lo hondo en las batallas más concretas y definidas. La persecución que Dreiberg llevó a cabo contra el crimen reflejó claramente la ineficacia, o la inadecuación, de los héroes enmascarados que poblaron las calles de su mundo: se gastó inmensas cantidades de dinero en la financiación de la fabricación de vehículos y de ropa especializada (ropa preparada para la lucha en la guerra antimisiles, o contra las temperaturas bajo cero, o para potenciar la invisibilidad contra los radares, o para, en fin, un sinfín de cosas más) para, en definitiva, luchar contra los maleantes comunes y chuscos, a los que él llamaba, de manera despectiva, puteros y carteristas. El amor, como para la mayoría de los héroes enmascarados, no faltó en su vida: el suyo, representado por el amorío que vivió con Laurie Juspeczyk, el segundo Espectro de Seda.

Y con la descripción de los caracteres básicos de estos tres héroes pongo fin a la revisión, un tanto exhaustiva (pensarán algunos), un tanto esquemática (pensarán otros), de los protagonistas de la serie Watchmen. En lo sucesivo, quizás, continuaré hablando de la serie de cómics. Es un buen momento para hacerlo: se cumplen veinte años desde que se publicó su primera edición y, además, crece la furia popular por los superhéroes. Culpa, claro, de la serie Heroes. Por cierto, un buen amigo me dijo no hace demasiado que existe una cierta similaritud entre las intenciones de Ozymandias y las de Linderman. Pensé: "ay, qué tontería." Pero después lo repensé y concluí que, vaya, quizás no sea una idea tan descabellada. ¿No?

jueves, 28 de junio de 2007

Watchmen II: Los Crimebusters I: El Comediante, Rorschach y Ozymandias

Hoy, tal y como dije ayer, los tres primeros de Los Crimebusters (Los Cazadores de criminales).

Los componentes de Los Crimebusters forman el reparto principal de los personajes que aparecen en la serie Watchmen, y fueron un intento fallido del Capitán Metrópolis de formar, en 1966, un grupo de vigilantes enmascarados heredero de Los Minutemen. En este nuevo grupo de vigilantes, Los Crimebusters, estuvieron: The Comedian (El Comediante), Rorschach (Rorschach), Ozymandias (Ozymandias), Doctor Manhattan (Doctor Manhattan), el segundo Silk Spectre (el segundo Espectro de Seda) y el segundo Nite Owl (el segundo Búho Nocturno).

Hoy hablaré de los tres primeros: The Comedian, Rorschach y Ozymandias. Mañana, haré lo propio respecto a los tres últimos.

Así que, vamos a por los tres primeros.

El Comediante, cuyo auténtico nombre fue Edward Blake, fue el único miembro de Los Crimebusters que también estuvo afiliado a Los Minutemen, a excepción del Capitán Metrópolis. Tuvo una actitud cínica y nihilista sobre la vida y creyó que la mayoría de individuos son incapaces de afectar ni un ápice a la realidad geopolítica del mundo que les rodea. Lo motivaba a El Comediante eran sus propios deseos: era, pues, un egoísta. Fue una persona más bien autónoma, poniéndose del lado de los otros únicamente si los motivos de estos otros eran similares a los suyos. Con una personalidad que en ocasiones rozaba el sadismo, a menudo se vio envuelto en actividades violentas, y se convirtió en un agente del Gobierno durante la Guerra de Vietnam. Casi al final de aquella guerra, una mujer vietnamita a la que había dejado embarazada le atacó, irada y despechada, después de que El Comediante le dejara claro que no la iba a llevar consigo cuando regresara a los Estados Unidos; con una botella rota le rajó severamente la cara, desfigurándolo horriblemente y para siempre. La venganza de El Comediante fue instantánea: la asesinó acto seguido de un disparo a bocajarro; asesinando también de este modo, claro, al hijo que la vietnamita llevaba en su seno. Intentó violar al primer Espectro de Seda, aunque Justicia Enmascarada apareció de manera providencial y logró evitarlo, propinándole una buena paliza (se dijo que fue El Comediante quien posteriormente, en veganza por aquella paliza y por haberse inmiscuido en el intento de violación, asesinó a Justicia Enmascarada). No obstante, El Comediante y el primer Espectro de Seda tuvieron más adelante un breve encuentro amoroso del que nació el segundo Espectro de Seda. Aunque sus acciones fueron abruptas y tuvo una personalidad cruel, El Comediante actuó en ocasiones de un modo que le dibujaba no sólo como una persona de carácter absolutamente egoísta sino también como una persona preocupada por el bienestar de la mayoría: la violencia bestial que demostró en sus actuaciones durante la Guerra del Vietnam la creyó justificada al estar trabajando para su Gobierno, y para la totalidad de su país: los Estados Unidos.

Rorschach fue una persona de moral absolutista (corriente filosófica que opina que ciertas acciones pueden ser juzgadas como correctas o erróneas independientemente del contexto en el que se han subscrito; de acuerdo con esto, la moral es inherente a las Leyes del Universo, o a la naturaleza del Hombre, o a la voluntad o el carácter de Dios, o a alguna otra fuente fundamental, considerando que las acciones son, inherentemente, morales o inmorales). Y fue inflexible en extremo en la respuesta que quiso dar al mal: consideró que éste debe ser castigado, cueste lo que cueste. Sin embargo, y en cierta manera paradójicamente, aseguró que no hay intenciones ni hay moral absoluta que sean impuestas por algo que exista más allá de la mente y la conciencia de los individuos. Su firme oposición al crimen fue igualada por su falta total de empatía por los criminales, a quienes trataba como seres despreciables y ahumanos. Su desprecio por la Ley (de la que pensaba, además, que no era ni válida ni suficiente para combatir el crimen), la Justicia, el Gobierno y la policía fue lo que le impulsó a convertirse en vigilante enmascarado. Mostró poca reverencia por las leyes morales “convencionales”, llegando a tomar medidas drásticas y meridianas para intentar conseguir sus objetivos: la tortura e incluso la ejecución de criminales fueron herramientas que, en ocasiones, consideró. Determinado a no tomarse la vida como si fuera un mero espectador, la existencia del crimen le convierte, lo mismo que a Batman, en un cruzado radical contra el crimen. Tuvo un comportamiento muy extraño en cuanto al sexo, disgustándole tanto los comportamientos homosexuales como la visión, aunque fuera de manera velada o disimulada, de cualquier silueta femenina. Por esto último, no soportó ningún tipo de vestuario que pudiera remarcarla, y por eso le disgustó profundamente el provocativo atuendo del segundo Espectro de Seda.

Ozymandias fue, en lo aparente, el mejor miembro de los componentes de Watchmen. Aun así fue un elitista intelectual que creyó en el utilitarismo (que postulaba que el valor moral de una acción es determinado, únicamente, por su contribución a la utilidad global) y que deseó asesinar a millones de personas inocentes en el intento de preservar la vida de billones de ellas. Como Rorschach, se creyó exento de las normas que rigen el comportamiento de los normales y poniéndose a sí mismo más allá de lo que es la experiencia humana habitual. Tanto su comportamiento como la imagen que tenía de sí mismo apuntan a una personalidad megalomaníaca, mientras que su ciega admiración por Alejandro Magno le dejó en lo hondo del alma el poso de algo parecido a un resentimiento consigo mismo. Ni con su filantropía, ni con sus inventos, ni con sus enormes y multimillonarias aventuras empresariales pudo acabar de expresar, ni de materializar, sus ansias de grandeza. Quiso ser un héroe a la manera de los antiguos, a la manera de Alejandro Magno, pero no pudo. Esto hizo que tuviera, en lo aparente, una cierta indiferencia, que algunas ocasiones rozó la crueldad, por las vidas de la gente ordinaria. Si el Doctor Manhattan pudo ser visto como Dios, Ozymandias, entonces, pudo ser visto, no de manera demasiado oblicua, como el aspecto apolíneo (lo que hace referencia a las artes plásticas, a la belleza, a la nitidez, a la individualidad, a la razón crítica, a la perfección, a la creación, en oposición a lo dionisiaco, que es lo que hace referencia al instinto, al dolor, a la no individualidad, a la pasión orgiástica, al exceso, a la destrucción) de la filosofía de Nietzsche.


Figura 1: Los Crimebusters, según Lego. Detrás: Doctor Manhattan. Enmedio, de izquierda a derecha: Ozymandias, Espectro de Seda, Búho Nocturno y Rorschach. Delante: El Comediante.

miércoles, 27 de junio de 2007

Watchmen: Los Minutemen

Los Minutemen (nombre que se le dio en el siglo XVIII, justo antes de la Guerra de Independencia norteamericana, a un grupo de milicianos de Massachusetts preparado para actuar en acciones militares instantáneas; también se le dio este nombre a una organización ultrasecreta que tuvo como propósito el de luchar contra la invasión comunista de los Estados Unidos) fueron un grupo de superhéroes formado antes de los eventos narrados en el cómic Watchmen. Los componentes de este grupo, que nació en 1939 y se disolvió en 1949, fueron: Hooded Justice (Justicia Enmascarada), el primer Nite Owl (el primer Búho Nocturno), el primer Silk Spectre (el primer Espectro de Seda), Captain Metropolis (Capitán Metrópolis), Mothman (El Hombre Polilla), Dollar Bill (Dollar Bill) y Silhouette (Silueta). Después de su disolución, Capitán Metrópolis intentó en 1966 formar un grupo que sucediera a Los Minutemen, al que se le llamó Los Crimebusters (Los cazadores de criminales). En este grupo estuvieron los principales protagonistas del cómic que antes mencionaba: Watchmen. Estos fueron: The Comedian (El Comediante), Rorschach (Rorschach), Ozymandias (Ozymandias), Doctor Manhattan (Doctor Manhattan), el segundo Silk Spectre (el segundo Espectro de Seda) y el segundo Nite Owl (el segundo Búho Nocturno).

Hoy me dispongo a hacer un repaso de los componentes de Los Minutemen. Mañana haré lo propio con los tres primeros componentes de Los Crimebusters. Y pasado mañana, con los tres últimos. La fuente de la que me inspiro: la gloriosa wikipedia, claro.

Allá vamos.

Justicia Enmascarada fue un hombre extremadamente imponente y corpulento, cuya identidad real no se revela en Watchmen. Hay quien dice que fue Rolf Nuller, un hombre que trabajó en un circo interpretando el papel de Hombre de Acero. Fue el primero de los vigilantes enmascarados (el primero de los watchmen) y, según se rumoreaba, fue homosexual. Justicia Enmascarada desapareció cuando Los Minutemen fueron cuestionados por el Comité de Actividades Antiamericanas, y nunca más fue visto de nuevo. Según se dijo, fue asesinado por El Comediante (del que hablaré mañana).

El primer Búho Nocturno fue el héroe encarnado por Hollis Mason, un policia que se convirtió en aventurero enmascarado después de ser inspirado por un artículo publicado por el New York Gazette que hablaba sobre Justicia Enmascarada. Después de pasar años al servicio de Los Minutemen, escribió un libro titulado Under the Hood, en el que explicó muchos detalles acerca del grupo, y muy en particular el intento de violación de Sally Jupiter (el primer Espectro de Seda) por parte de El Comediante (del que, como he dicho antes, hablaré mañana). Después de la disolución de Los Minutemen, y del ascenso del Doctor Manhattan, prefirió retirarse y trabajar como mecánico de coches antiguos, pasándole el testigo a Dan Dreiberg, quien se convertiría en el segundo Búho Nocturno.

El primer Espectro de Seda fue el sobrenombre que adoptó Sally Juspeczyk (también llamada Sally Jupiter). De origen polaco (aunque a menudo negó su origen y por este motivo cambió su apellido original por el de Jupiter), trabajó como camarera y como bailarina antes convertirse en una luchadora contra el crimen y por la justicia, siguiendo el consejo de su agente, y futuro marido, Laurence Schexnayder. Debe decirse que su matrimonio con Schexnader fue de lo más turbulento, y acabó en divorcio. Después se retiró a una casa de reposo de California.

Capitán Metrópolis. Así fue como se hizo llamar Nelson Gardner, exteniente de la marina y uno de los más activos defensores de Los Minutemen. Él fue quien sugirió la idea de que unir las fuerzas de cada vigilante enmascarado sería la manera más efectiva para luchar contra el crimen. Los "males de la sociedad" fue lo que, según dijo, a él le impulsó a luchar contra el crimen. Sin embargo, lo que él define como “mal de la sociedad”, como por ejemplo las manifestaciones pacifistas y la creciente promiscuidad en los Estados Unidos, se contradice con las motivaciones que, según muchos, tuvo en su intento por cambiar el mundo. Según los que le criticaron, estas motivaciones siempre fueron egoístas o, al menos, conservadoras; siempre en beneficio propio en lugar de ser en beneficio del bien de la sociedad. Nelson Gardner negó, por supuesto, una y otra vez estas acusaciones. Se ha sugerido también que estuvo envuelto en una relación homosexual con Justicia Enmascarada, y que se necesitó por ello fingir una relación entre Sally Jupiter y la misma Justicia Enmascarada para prevenir cualquier sospecha por parte de la sociedad. Cosa que, dados los tiempos que corrían por aquel entonces, hubiera dañado irreparablemente la imagen de Los Minutemen.

El Hombre Polilla, cuyo auténtico nombre fue Byron Lewis, fue un personaje menor dentro del grupo de Los Minutemen. Fue investigado, lo mismo que Justicia Enmascarada, por el Comité de Actividades Antiamericanas, lo que le hundió en un profundo alcoholismo que, al final, consiguió encerrarlo en un sanatorio. No es, como antes decía, uno de los personajes principales (aparece en flashbacks ocasionales) pero es considerado con cariño por la mayoría de Los Minutemen.

Dollar Bill fue originariamente una estrella del atletismo universitario de Kansas. Fue empleado inicialmente por uno de los mayores bancos nacionales, aunque de nombre desconocido, como superhéroe interno. Su misión: defender los intereses del banco. Después de trabajar en este primer banco, trabajó de lo mismo para otros bancos menos importantes. Hasta que un día, mientras intentaba parar un asalto a uno de los bancos para los que trabajó, su capa se enredó en la puerta giratoria de la entrada y los asaltantes aprovecharon para asesinarlo a balazos. En Under the Hood, Hollis Mason le describe como un hombre honesto y amigable, y lamenta la estupidez que supone el llevar capa, cosa que acabó con la vida de Dollar Bill. Aunque las motivaciones de Dollar Hill fueron claramente comerciales, sus compañeros de Los Minutemen, lo mismo que la siguiente generación de vigilantes enmascarados, le consideró un héroe dignísimo.

Silueta, de nombre Ursula Zandt, se convirtió en una luchadora contra el crimen en 1939. En 1946 fue expulsada del grupo cuando se reveló públicamente que era lesbiana. Seis semanas después, ella y su amante fueron asesinadas por un adversario que buscaba venganza. Judía de nacimiento, tuvo que dejar Alemania a causa del auge del nazismo. Junto con El Hombre Polilla, es uno de los componentes de Los Minutemen menos conocidos.

Y mañana, más. Mañana: El Comediante, Rorschach y Ozymandias.


Figura 1: Los Minutemen, según Lego. Detrás, de izquierda a derecha: Silueta, Hombre Polilla, Dolar Bill, Búho Nocturno, Capitán Metrópolis, Espectro de Seda y Justicia Enmascarada. Delante: El Comediante (que no fue, propiamente dicho, uno de los componentes de Los Minutemen).

domingo, 24 de junio de 2007

Superhéroes VI: Superman, el Héroe

Román Gubern (1934), catedrático de Comunicación Audiovisual en la Universidad Autónoma de Barcelona, afirma que Superman es una figura simétrica a la de Cristo. Dice de Superman que:

a) Igual que Cristo, tiene orígenes extraterrestres.
b) Llega a su destino huyendo de un cataclismo (la destrucción de su planeta: Kripton), lo mismo que huye la familia de Cristo de la matanza de Herodes.
c) Tiene una doble personalidad: una, como hijo del padre extraterrestre; y otra, como hijo del padre terrestre.
d) Se hace hombre al amparo del hogar de un matrimonio modesto, cuidadoso en su comportamiento y de valores intachables. Un matrimonio que, además, carece de hijos.
e) Como hijo del padre extraterrestre, efectúa prodigios que maravillan tanto a sus padres terretres como a los habitantes del pueblo en el que habita.
f) Antes de iniciar su vida pública, abandona su hogar y se retira a meditar, al amparo de la soledad, a un paraje deshabitado y hostil.
g) Ayuda a los necesitados y defiende a los oprimidos, sin pedir nunca nada a cambio.
h) Es inalterable a las tentaciones mundanas, manteniéndose célibe y casto (al menos si hablamos del personaje original).
i) Debido a su identificación con el padre extraterrestre, efectúa prodigios contrarios a la física y a la naturaleza.

Nosotros, que no sólo somos herederos de la tradición judeocristianas encarnadas en Cristo sino que también la vivimos por ser el substrato de nuestro comportamiento social y hasta de nuestros valores, no podemos mantenernos al margen de un símbolo como el que representa este superhéroe. Superman es el superhéroe que más se enraíza hondo del subsuelo de nuestra cultura.. Nos puede gustar o no el estilo aventurero de este superhéroe, nos pueden gustar o no sus aventuras, pero no podemos ignorarlo ni dejar de asumirlo como uno de los iconos de nuestra cultura, en el que, como pasa con Cristo, se resume la lucha arquetípica entre el Bien y el Mal (así, en mayúsculas).

La lucha entre el Bien y el Mal es uno de los temas que abordan las historias de superhéroes. Pero en la mayoría de estas historias, esta lucha no es central, mientras sí lo es en el de Superman. Me refiero a que, por ejemplo, parte de las preocupaciones de Batman y de Spiderman conciernen al Bien y al Mal, pero estas nos son las únicas preocupaciones con las que se atormentan. Ni son tampoco, de hecho, las más importantes. Porque en Batman y en Spiderman lo central es la batalla que han de mantener cada día con su propia psique. A diferencia de los creadores de Superman (creado en 1932 por el dibujante Joe Shuster y el guionista Jerry Siegel), los de Batman (creado en 1939 por el dibujante Bob Kane y el guionista Bill Finger) y los de Spiderman (creado en 1962 por el dibujante Steve Ditko y el guionista Stan Lee) estuvieron más centrados en las características poliédricas de la psique del Hombre (y en los problemas que de esta capacidad se derivan) que en la lucha arquetípica entre el Bien y el Mal. Y estas características son las que resumieron en sus creaciones. En cambio, en Superman el tema central, y casi único, es la lucha entre el Bien y el Mal. Porque, en lo básico, Superman carece de la profundidad psicológica que sí tienen Batman y Spiderman. En parte porque en ninguna de las dos personalidades de Superman (la de Clark Kent y la de Superman mismo) hay duda sobre cuál es la condición de su existencia (de hecho Clark Kent es un mero disfraz del verdadero personaje: Superman; así que, en el fondo, hay únicamente una sola personalidad). Y en parte porque, claro, Superman no ha escogido esta condición vital: él es como es. En cambio, tanto Batman como Spiderman tienen la posibilidad de no hacer lo que hacen, de ignorar ese yo superheroico que han asumido como suyo, y de vivir como hombres normales.

Sea como sea, Superman es, por su profunda capacidad simbólica y por los temas arquetípicos de los que habla, un superhéroe sin parangón.

sábado, 23 de junio de 2007

La vida sigue, cariño, la vida sigue


"¡Oh, mírate! ¡Sigues igual de guapa y esbelta!" "Cariño, ¿qué te trae por la ciudad de los muertos?"


Figura 1: viñeta del capítulo segundo de Watchmen.

viernes, 22 de junio de 2007

Superhéroes V: a propósito de Watchmen

Acabo de releer el primer capítulo de la serie Watchmen. Escrita por Alan Moore, dibujada por Dave Gibbons y coloreada por John Higgins, los doce capítulos de los que consta la serie fueron publicados durante 1986 y 1987. Al poco tiempo de ser publicada se convirtió en una obra mito. Premiada y prestigiada por todo tipo de publicaciones se la consideró, de manera casi unánime, una obra maestra más allá del medio de expresión en el que había sido creada: el cómic. Y es una obra, además, muy meditable y en la que se plantea de manera trágica, y hasta melancólica, el papel y el sentido del Héroe y de lo heroico en la sociedad moderna.

Pues bien, como decía antes, he releído el primer capítulo de Watchmen.

En este capítulo hay diálogos y pensamientos memorables. Uno de esos pensamientos a los que me refiero es el que, a propósito de la muerte de un antiguo amigo (y socio en la defensa de la justicia y del Bien), nos regala el Dr. Manhattan. Dice este Héroe, pensando en la vida y en la muerte: “Un cuerpo vivo y un cuerpo muerto tiene el mismo número de partículas. Estructuralmente, no hay diferencia. La vida y la muerte son abstracciones. ¿Por qué debería estar apenado?”

La diferencia entre la vida y la muerte. Tema meditable por antonomasia, ¿no?

Estas frases del Dr. Manhattan me han hecho pensar en estos dos conceptos de los que hablan. ¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte? ¿Desde cuándo el Hombre se preocupa por la vida y la muerte? ¿Desde lo más antiguo de lo antiguo? ¿O, más bien, desde que en el corazón del Hombre surgió el hecho de lo religioso? Yo no sé decidir una respuesta clara y meridiana que dé respuesta a estas preguntas pero la verdad es que pensando en ellas, y pensando lo mismo en otras que giran alrededor del mismo tema (el tema de la vida y de la muerte), he releído algún capítulo de algún libro que habla de la historia de los más antiguos y que tenia sometido al polvo y al aburrimiento en alguna de las estanterías que tengo en casa. Resumo lo que he leído.

Resulta que hay evidencias físicas que aseguran que los hombres de Neandertal ya enterraban a sus muertos: en La Ferrassie (Francia) y en Shanidar (Irak), por ejemplo, se han encontrado tumbas en las que familias enteras están ubicadas en posiciones nada azarosas junto a lo que fueron, aseguran los estudiosos, sus más valiosos bienes. Estas evidencias físicas aseguran que aquellos hombres, que vivieron hace 30000 o 40000 años, ya supieron distinguir entre lo que era la vida y lo que era la muerte. Y, a raíz de estas mismas evidencias, los estudiosos derivan también que los hombres de Neandertal ya tenían un concepto ancho de lo que era el alma, y que, además, tenían un sistema organizado de bienestar social, de cuidado y respeto por los ancianos, y de organización política (de gobierno) y filosófica. No obstante, debe decirse que estos lugares de entierro han sido cuestionados por otros estudiosos en la materia, por considerarlos fraudulentos; o por considerarlos, simplemente, casuales.

Pero si consideramos estos lugares de entierro como verídicos y no como lugares en los que casualmente se han acumulado esqueletos y utensilios antiguos (es decir, si consideramos que los hombres de Neandertal efectivamente enterraban a sus muertos), y aunque no supongamos todo lo que los arqueólogos concluyen a partir de esta suposición (y que antes enumeraba), podemos meditar en dos consideraciones: en la del entierro como hecho físico, y en la de entierro como hecho ritual. En cuanto a lo físico, e independientemente de cualquier otro aspecto añadido, el simple hecho de enterrar a los muertos había de ser útil por dos motivos: para disuadir a los animales carroñeros y para enmascarar el olor pútrido de los cadáveres en proceso de descomposición. En cuanto a lo ritual, en cambio, el hecho de entierrar a los muertos se dibuja más complejo para el entendimiento, pues se derivan de este hecho la existencia de dos ideas llave para entender el desarrollo histórico del Hombre: la idea de la vida y la idea de la muerte; pues lo ritual hubo de servir, y sirve, para definir una frontera que ellos ya empezaron a ver: la frontera que hay entre el vivo y el muerto.

Aquellas primeras celebraciones rituales de la muerte santificaron la vida. Y constituyeron la primera evidencia de que el hombre se empezó a plantear algo que, conceptualmente, alcanzaba más que la simple valoración instintiva de la vida; de que empezó a formarse lentamente, desde la bruma de los tiempos en los que la historia del Hombre casi no estaba dibujada, una convicción que decía que la vida es digna de reverencia.

Ah, momento trascendente como pocos en la historia del Hombre, ¿no? Pues aquella reverencia a la vida que el Hombre ha practicado desde entonces es lo que ha permanecido como la base moral de toda acción humana desde entonces.


Figura 1: entierro en La Ferrassie.

martes, 19 de junio de 2007

Superhéroes

Durante el siglo XIX se vivió la obsesión por los héroes. Los estudiantes ingleses se educaron siguiendo el modelo del duque de Wellington. Bismarck se convirtió en el modelo de comportamiento para los alemanes. El nombre de Napoleón Bonaparte inspiró reverencia. Y Abraham Lincoln no fue menos que un héroe para los habitantes estadounidenses.

Durante el siglo XIX se creyó que la sociedad podía ser moldeada por las acciones de unos pocos individuos excepcionales. Esta idea tuvo su eco, ya en el siglo XX, en los cómics y en las películas en los que aparecían superhéroes. Me refiero a personajes como Superman, Batman, Spiderman, los componentes de la Patrulla X o los de los 4 Fantásticos.